domingo, 16 de febrero de 2014

Whistler también es lugar para no esquiadores

Después de haber pasado ya nueve meses en Vancouver, no haber visitado todavía Whistler era un crimen. Whistler es considerada por muchos la mejor estación de esquí de Norteamérica. Es la más grande, con más de 200 pistas de esquí en dos montañas diferentes: Whistler y Blackcomb. Cuenta con 38 teleféricos que permiten ascender a 1.609 metros sobre el nivel del mar, y con capacidad para albergar a más de 60.000 esquiadores por hora. Además, junto con Vancouver, fue sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2010.

A menos de dos horas por carretera de Vancouver, el principal inconveniente de Whistler es el precio. Tiene fama de caro. Y de hecho lo es. Los hoteles a pie de pista no son nada baratos y pasar un día aprendiendo a esquiar asciende a casi 300$, entre las clases, el alquiler de los esquís y el pase. Por eso no es el lugar más conveniente para los neófitos, ya que en el entorno de Vancouver existen otras pistas como Cypress, Seymour o Grouse Montain, más modestas pero suficientes para dar los primeros pasos en la nieve, y donde podrás ahorrarte unos 100 euros al día.



Pero Whistler también es lugar para no esquiadores. Subir a las montañas en los teleféricos y disfrutar de las vistas en las distintas paradas merece y mucho la pena. Apreciar la inmensidad de las montañas, sobrevolar los bosques, ver a los esquiadores diminutos a lo lejos y el paisaje nevado es una maravilla que cuesta en torno a 50$. Por ese precio puedes utilizar tanto las góndolas, como las telesillas durante todo el día y las veces que quieras.

Para subir a Whistler, puedes alquilar un coche o ir directamente en autobús. Hay varias empresas que ofrecen este servicio. Yo fui en el Snowbus, que si tienes carné de estudiante o de alberguista internacional te sale por 40$ ida y vuelta. Una vez arriba, decidimos alojarnos en el albergue internacional, que es el único alojamiento económico en Whistler (42$/persona). Las instalaciones están muy bien, pero está a 8 kilómetros del centro (está bien comunicado en bus urbano, que funciona hasta las 3 de la mañana los fines de semana) y, claro, como es albergue, tienes que compartir habitación y baño con desconocidos.



Aquí os dejo unas fotos para que podáis ver el paisaje. Un Whistler la temperatura estaba a pocos grados bajo cero, pero arriba de todo debía estar bastante más frío. Las manos se me congelaban al quitarme los guantes para hacer las fotos.

Naturaleza en estado puro...
Whistler acogíó las Olimpiadas de invierno de 2010
Parking de tablas de snowboard en una de las paradas del teleférico
Los bosques de Whistler a vista de páfaro desde el teleférico

Aunque hacía frío, se necesitaba nieve artificial

Vista del pueblo de Whistler con las montañas al fondo

Esquiadores deslizándose por una de las pistas de Whistler

Empinada subida inicial con el pueblo de Whistler al fondo
El teleférico te eleva hasta un kilómetro de altura
Sobrevolando en medio de la naturaleza de Whistler
Más naturaleza y más altura
Las vistas son impresionantes y rezuman paz y tranqulidad
Más vistas inmensas de naturaleza en estado puro
Una de las góndolas del teleférico
Una vista de los esquiadores y las telesillas
Ver las enormes coníferas tan diminutas, impresiona...
Una de las góndolas permite divisar el paisaje desde el suelo
El bosque visto desde lo alto
El mismo bosque, pero más de cerca
Y seguimos camino del cielo
Árboles y nieve es la tónica de las montañas de Whistler
Esquiadores disfrutando de las vistas de Whistler
Un nuevo parking de tablas de snowboard
Una telesilla con impresionantes vistas al fondo
Columna de telesillas
Vista de una de las pistas con el pueblo de Whistler al fondo
Un parque con pequeñas hogueras para calentarse del frío
Aunque algunos dan un paseo en pantalón corto a -7ªC
La llegada de los esquiadores a Whistler, desde el pueblo 
Aquí los niños empiezan a esquiar desde muy pequeños
Típica estampa en Whistler de jóvenes con tabla de snowboard
Niños jugando sobre un río congelado en Whistler

viernes, 7 de febrero de 2014

Estudiar en un college de Canadá

En Canadá, a diferencia de en Estados Unidos, los colleges no son universidades, sino instituciones educativas que ofrecen programas de educación post-secundaria y que no llegan a tener la categoría de estudios universitarios. Realmente se denominan community colleges y son escuelas técnicas, similares a los FP de España, pero quizás con un mayor prestigio. Muchos de ellos, además de programas más especializados, también ofrecen cursos de inglés para extranjeros, pero en España no son tan conocidos como las escuelas de inglés, que es con las que suelen trabajar la mayoría de las agencias.

Una de las principales diferencias entre un college y una escuela de inglés  es que el college está regulado por el Gobierno. En British Columbia la entidad que se encarga de hacerlo es el PCTIA. Así, todos los programas que imparten tienen que estar debidamente aprobados por la consiguiente consejería de educación y los profesores contar con la formación apropiada para dar las clases. Además, como imparten otro tipo de programas especializados, en los campus también puedes conocer canadienses.

En los colleges puedes encontrar títulos de todo tipo, especializados en áreas muy diferentes. Y muchos de ellos incluyen prácticas profesionales pagadas, lo que te permite conseguir un permiso de trabajo co-op. Y tienes desde cursos de unos pocos meses a cursos de dos o más años.

Algunos college también ofrecen clases de inglés para extranjeros
Lo malo de los colleges suele ser el precio. En Canadá la educación es cara, especialmente para la mente de un español, que está acostumbrado a estudiar gratis en la educación pública o por unos precios muy inferiores a los que te encuentras por aquí. Además, tanto en universidades como en colleges, ya sean públicos o privados, tienen precios diferentes para canadienses y para extranjeros. Y la diferencia es abismal. En las universidades públicas a un extranjero le cuesta un curso hasta cinco veces más que a un canadiense.

Pues bien, hace un mes que he empezado a trabajar en uno. Se trata de un college que ha cambiado de dueños hace algo más de un año y se encuentra en una fase de reestructuración de todos los programas para darle una nueva orientación e incorporar nuevos estudiantes. Y ahí entro yo, para abrir mercado en España y América Latina y para atender a los estudiantes iberoamericanos que se matriculen.

Me está pareciendo una experiencia muy interesante. Ver cómo se diseñan los distintos programas, cómo es todo el proceso, desde la plasmación en un papel de los contenidos, a solicitar las correspondientes autorizaciones al PCTIA o establecer relaciones con nuevos partners. Claro que el idioma sigue siendo un hándicap, pero asistir a las reuniones semanales, y que tengan en cuenta tus aportaciones y sugerencias es muy gratificante. Y por supuesto, en lo que se refiere a los mercados de mi competencia soy el rey, porque aquí nadie más habla español ni portugués, ni conoce nuestra forma de ver las cosas. En fin, muchas cosas que aprender. Y que se hacen todavía más interesantes cuando el equipo está formado por gente de diferentes nacionalidades y con distinto background. Además, las reuniones son una auténtica prueba de fuego para mi listening. :P

Por el momento estoy a media jornada, porque todavía no han empezado todos los curso ni hay ningún estudiante que hable español o portugués, pero con la intención de hacerme full time en cuando esté a pleno rendimiento.

Pues ya sabéis, si estás buscando un curso de inglés en Vancouver o tienes un nivel alto y quieres ver otras opciones como un programa de Hospitality Management o de Desarrollo de Aplicaciones Web para Móviles ya estás tardando en escribirme o en preguntarle a tu agencia por el Cornerstone International Community College of Canada. :P Afortunadamente, como se trata de programas nuevos y el college está abriendo nuevos mercados en estos momentos existen promociones con precios mucho más asequibles.

lunes, 27 de enero de 2014

Propósito de año nuevo: ir al gimnasio en Vancouver!

Más que un propósito de año nuevo, ha sido un reclamo de mi espalda. Y es que cuando llevo cierto tiempo sin hacer ejercicio, mi espalda se queja…

Ir al gimnasio en Vancouver, como prácticamente todo, es diferente a España. Lo que más me ha llamado la atención es que aquí no es obligatorio llevar toalla para poner encima de los aparatos y secarte el sudor. En cambio, ellos tienen  un spray desinfectante y rollos de papel para limpiar las máquinas y las colchonetas una vez utilizadas, especialmente si las has dejado encharcadas de sudor. Así, ves a los musculitos tal cual chachas de la limpieza, con su spray y sus bayetas de papel, frota que frota…

En Vancouver también los gimnasios funcionan de otra manera
Tampoco son muy exigentes en cuanto a la indumentaria. Normalmente la gente va con equipación deportiva pero de vez en cuando puedes ver a alguien ejercitándose vestido de calle e incluso con zapatos… Tampoco son mucho de ducharse. No es que no sean limpios. Entiendo que lo harán al llegar a casa. Más bien son cohibidos. Pero llama la atención que se cambien de ropa y se pongan la camisa de trabajo sin pasar antes por el agua. En  fin, cosas de canadienses…

Si estás interesado en apuntarte a un gimnasio en Vancouver, te recomiendo dos cosas. Primero, busca promociones de semanas gratis en internet o pregunta a la gente que conozcas que esté yendo a un gimnasio. Ellos te pueden conseguir algún pase de prueba gratis. Yo conseguí uno de dos semanas en la página de internet de un gym y mi compañero de piso me consiguió otro de un mes en el suyo. La condición que te piden es que estés viviendo en Vancouver, pero tampoco necesitas gran cosa para justificarlo, así que si tienes un número de teléfono canadiense y dar tu dirección es suficiente. Si estás estudiando y tienes alguna tarjeta de estudiante, no la olvides tampoco, en algunos sitios tienes descuentos.

Spray desinfectante y papel para limpiar el sudor de las máquinas
Lo segundo, si todavía estás en España te recomiendo que empieces allí en el gimnasio. Aquí no tendrás a ningún monitor que te haga ninguna tabla de ejercicios y te asesore un poco con lo que estás haciendo, a no ser que pases una sesión privada, que en mi gimnasio cuesta unos 90$ la hora… Por lo que mejor vente con los ejercicios aprendidos, o sino búscate a un amigo con el que ir y te explique, aunque no será fácil. Aquí, a diferencia de en España, casi todo el mundo entrena solo. No se escuchan apenas comentarios. Cada uno a su bola. Ni “hola”, ni “adiós”, ni nada por el estilo. Solo los comentarios justos y necesarios para preguntar si ya has terminado con una máquina. Incluso he visto algún cartel pidiendo que, por favor, no se utilicen los móviles para no molestar al personal… pero, bueno, también escuché una vez en un teatro, en ese momento que en España dicen que se apaguen los móviles, que la gente no usase perfumes demasiado fuertes para no molestar al vecino… cosas de Canadá… :P

Otro tema que también me ha llamado la atención, es que en las instalaciones hay varias fuentes para beber, por lo que no es necesario llevar el mítico botellín de agua (en ésta sí que nos ganan). Aquí el agua de grifo se bebe en todas partes. Te la ponen directamente en los restaurantes e incluso para acompañar un café, y esto sí que es “for free”.

Varias fuentes como ésta para saciar la sed
En Canadá, como en España, también hay clases de grupo incluidas en el precio del gimnasio. Y os aseguro que  pueden ser una clase de inglés intensiva. Si ya es complicado a veces seguir una clase en español, que uno no siempre está familiarizado con los músculos de su cuerpo, imaginaos en inglés. Sitúate siempre cerca de los que tengan pinta de más avispados, porque haciendo los ejercicios no siempre podrás estar mirando hacia el monitor, y si tienes a alguien cerca a quien copiar, pues ayuda… Yo he probado con yoga y pilates y he salido del paso. Y si el monitor te dice algo y no le entiendes, sonríe mucho, que pronto se dará cuenta y se acercará a explicarte la posición “in situ”, con gestos, y haciéndote él el movimiento con sus manos.

Y después está el tema de los suplementos vitamínicos. En Vancouver hay tiendas de alimentación deportiva por todas partes. Y al contrario de la idea que tenemos en España, aquí las consideran “very helthy”. Que no comes pescado, no importa, siempre habrá una pastilla que te aporte los nutrientes que necesitas… Incluso en mi gimnasio a veces hay catas de cockteles explosivos asquerosos, pero yo sigo fiel a mi dieta mediterránea y solo me he dejado llevar por la tentación de un complemento proteínico. Y es que aquí los hombres  están muy fuertes y uno se siente flacucho entre tanto músculo…

Hacer ejercicio en Vancouver es casi una obligación
Finalmente, los comerciales de Steve Nash, la principal cadena de gimnasios de Vancouver, me han hecho una oferta irresistible. Eso sí, me he hecho de rogar y he utilizado mis buenas artimañas de regateo de latino. Al final, he conseguido gym  4 días a la semana, por solo 14$ al mes, matricula aparte, gracias a una promoción durante la boxing week. El contrato es de un año, pero si me marcho a vivir a más de 30 kms. puedo darme de baja sin problema. Por lo menos es lo que me han dicho. Fiémonos, pues, del compromiso canadiense.


Ya os iré diciendo cómo evolucionan mis músculos. :P

martes, 7 de enero de 2014

Primeras Navidades en Vancouver

Al final no hubo Navidades blancas ni nada que se le pareciese. La semana más fría fue la de mi vuelta a Canadá y tan solo hubo dos días de nieve, que dio para hacer algunas fotos y poco más. De hecho, los amantes del esquí se quejan de que no hay nieve suficiente en las estaciones cercanas.

Las Navidades pasaron sin pena ni gloria. Y creedme que mucho mejor así. Nunca fui gran amante de estas fiestas pero estando lejos de los tuyos, mejor que pase desapercibida. Nada de decoración navideña en la casa, poca en las calles y bastante cutre, y una versión navideña bastante diferente.

Días previos a la Navidad, Vancouver se llenó de nieve


Lo que más me ha llamado la atención es la cantidad de fiestas que organizan. No es que aquí las fiestas sean muy locas, pero mis compañeros de piso tenían una fiesta un día y al otro también. Parece que se sincronizan las agendas de forma que cada día organiza la fiesta una persona diferente. A mí, con mi incipiente vida social me llegó con cuatro y la del trabajo, así que tampoco me quejo.

Pero vayamos por partes. Definamos primero el concepto de fiesta. Cuando te invitan a una fiesta ya te dicen literalmente “let free to bring…” (siéntete libre de traer…), una forma muy fina de pedir colaboración. Y no me refiero a las típicas botellas de vino de rigor. Por ejemplo, la noche del día de Navidad la fiesta fue en mi casa, con los amigos de mis roommates, y el pavo, la comida principal, lo trajeron unos invitados. Otros, ensalada. Otros, unas gambas rebozadas. Mis roommates hicieron un puré de patatas… Y yo unos “navideños” melocotones rellenos (los que me conocen, saben de qué hablo) que curiosamente la gente comió con las manos… Y con las bebidas, lo mismo. Si bebes alcohol, te llevas una botella de vino o lo que quieras beber. Aquí fácilmente se beben con la cena un gin tonic  o el cóctel de turno.

Casa de West End con decoración navideña


Siempre hay que preguntar si hay que llevar algo, y en respuesta negativa, llevar igual al menos una botella de vino. Sí, por supuesto. Repartiendo gastos es mucho más fácil organizar una fiesta para 15 o 20 en un apartamento. ¡Esto me lo apunto para la vuelta a España!

La cena de Noche Buena no tuvo nada que ver con la típica cena de familia de España. Fue una cena de picoteo de pie como otra cualquiera, que a mí me sirvió para conocer a un montón de gente. Lo más divertido el momento Secret Santa, que aunque a simple vista parecía el típico amigo invisible, esta versión no la conocía. Cada persona tiene un número al azar y por orden van eligiendo el regalo que prefieren de los que hay al lado del árbol de Navidad (cada persona llevó uno previamente) y lo abre delante de todo el mundo. Pero los siguientes tienen la opción de abrir otro regalo o robar alguno de los que ya están abiertos. A mi me tocó una botella de vodka con raspberries y me la robaron. Luego una botella de whisky. Y también me la robaron. Y finalmente unas botellas de agua con gas (Perrier, eso sí), otras de sirope, para mezclar con el agua, y unas chocolatinas… Esto nadie me lo robó…

Regalos con bolsas engañosas para el Secret Santa


El fin de año fue fiesta sin cena. Es decir, que había que ir cenado. Y empezó a las 8. Nada de uvas para empezar el año nuevo. Eso sí. Fue cambiar el año y todo el mundo se empezó a dar besos como locos. Y yo sorprendido, porque aquí no son nada besucones.

Menos mal que yo me tomé las uvas vía Skype con la familia en horario español  y que he recibido un montón de mensajes de amigos para celebrar el año nuevo. La verdad es que ha sido como celebrarlo dos veces…

Y para rematar, unos vecinos me ofrecieron continuar en un after, porque en las otras fiestas a las 12 ya todo el mundo se iba para casa. Era Nuevo Año y la una de la mañana, pero ya le llamaban after. Uhhhh! Curiosamente al llegar me dicen que como es after no permiten la venta de alcohol, así que ya os imagináis la de gente “sana” que había bebiendo  aguas minerales y tomándose “vitaminas” en el baño. En fin, curiosidades canadienses. O lo que se consigue prohibiendo las cosas. Yo me di al Redbull.

Preparado para conectar con España y tomar las uvas


Y ahí se acabaron las Navidades, porque aquí de Reyes nada. Lo bueno, que pasaron en un santiamén, que conseguí  introducirme en el circuito de fiestas gracias a mis compañeros de piso y que he comenzado el año con buen pie. De hecho, hoy he comenzado un nuevo trabajo. No, no he cambiado. He ampliado y diversificado. Ahora tengo dos trabajos de media jornada y tres clases de español a la semana… Si voy a tener que empezar a enviar remesas… (es broma, pero por lo menos, creo que me dará para vivir desahogadamente sin tirar de los ahorros).

Ah! Y que definitivamente siento que he mejorado mucho con el inglés. Puedo pasar horas hablando en inglés sin problemas, puedo ver películas en inglés y enterarme bastante bien y puedo seguir las conversaciones de grupo…


¡Que sí, que 2014 va a ser un gran año!

martes, 31 de diciembre de 2013

Los otros (españoles)

Cuando las propias empresas recurren al tema de la emigración en sus anuncios de Navidad es que algo muy fuerte está pasando. No hay estadísticas que valgan, porque en ningún sitio se refleja la magnitud de este fenómeno que se está dando en España en este momento. La gente se va. Aunque la mayoría con la esperanza de volver pronto, otros no lo harán.

Vancouver es una ciudad internacional. No muy grande, pero en la que puedes conocer  personas de sitios que casi no sabías ni que existían, y si lo sabías, pensabas que estaba tan lejos y tan aislado, que sus habitantes tendrían cuernos y rabo. Sin ir más lejos, un amigo mío vive con una pareja de mongoles. Yo con un malayo. Y no es raro que en algún momento dado acabes tomando un café o una cerveza con un iraní o un saudita. Sí. Aquí beben alcohol. Te das cuenta de que por muy lejos que estén estos países, por muy distantes que sean sus culturas, al final todos tienen una historia detrás parecida a la nuestra.

En Vancouver cada vez es más menos raro escuchar acento español
Los españoles éramos muy exóticos en Vancouver hasta hace poco, pero desde hace unos dos años para aquí la comunidad de españoles ha crecido considerablemente y de vez en cuando uno puede escuchar por la calle español con acento castizo. Tanto es así, que nos hemos convertido en uno de los objetivos  más importantes de las escuelas de inglés.

Pero cuando en mi empresa discutimos sobre los temas de interés de las personas que salen al extranjero para estudiar inglés yo siempre digo lo mismo. Los españoles lo que buscamos es trabajo. Es algo que nos diferencia del resto de los estudiantes. Nosotros no salimos del país de vacaciones. No nos vamos buscando experiencias que nos hagan salir de la monotonía. Los españoles buscamos las oportunidades que el país en el que vivimos y el momento en el que estamos nos han quitado.

Al poco de llegar a Vancouver conocí a un arquitecto que se había venido a Vancouver con su mujer, también arquitecta, y con su niña pequeña. “¿Y a ti cómo te va?”, me preguntó en un tono triste. “Yo acabo de llegar”, le respondí, mucho más ilusionado. “¡Ah! ¡Pues mucha suerte!”. Afortunadamente trabajaban en un estudio de arquitectura, y seguramente como cualquier otro arquitecto, pero cobrando mucho menos que un canadiense. Nos conocimos en el portal de un edificio donde vivía otro español, que se volvía a España y se deshacía de las últimas cosas. Solidaridad española. La única que he visto aquí. Españoles que se van y que regalan sus pertenencias a otros compatriotas o las venden a bajo precio.

La motivación de los españoles a salir se centra en la búsqueda de trabajo
En una pizzería del que ahora es mi barrio, al poco de llegar, entré a pedir un trozo de pizza, con mi inglés dubitativo y señalando con el dedo. “¿Eres español?”, me preguntó con una sonrisa. Mi acento me delataba. “Sí, acabo de llegar”, le dije. Y no tardó en escucharme tres frases más para exclamar “¡Y gallego!”. Al otro lado de la barra estaba una coruñesa de poco más de 20 años, que atendía en un perfecto inglés a todos los clientes del local y con una sonrisa que daba vida a toda la pizzería. Detrás de esa sonrisa, muchas experiencias y ya mucho callo con tan pocos años. Venía de un ciudad del interior de Canadá, donde estuvo trabajando, pero donde le estafaron y no le llegaron a pagar.

Los españoles buscamos trabajo y por eso la mayoría de los extranjeros que vienen aquí con un Study and Work Program  son españoles. Es la opción más sencilla para los que no tienen la Working Holiday Visa.  Haces un curso de inglés de 3 o 6 meses y después puedes trabajar otros 3 o 6 meses. En un principio es para trabajar una vez que terminas el curso, pero como te suelen dar el Work Permit desde bastante antes, muchos se lanzan al mundo laboral en cuanto pueden, y realizan sesiones maratonianas. Seis horas de escuela (porque es obligatoria si no quieres perder el visado) y otras 6 trabajando de friegaplatos, recoge-vasos y, los más afortunados y con mejor nivel de inglés, de camareros. Doce horas diarias sin parar, comiendo en 5 minutos y echando una cabezadita cuando se puede, porque cuando toca día libre a ver a quien no le tientan unas cervecitas…


La mayoría de los emigrantes son recién licenciados sin experiencia laboral
Y  una de las preguntas estrella cuando te encuentras con un paisano es ¿y tú qué vas a hacer cuando se te acabe la visa? Los hay que vienen con todo planificado y estudiado. Que elijen vivir en una provincia canadiense determinada porque es más fácil conseguir la residencia permanente, el sueño de todo emigrante. Los hay que se van haciendo un hueco en el mercado laboral y van escalando poco a poco, hasta que llegan a un empresario dispuesto a esponsorizarlos para solicitar un visado de trabajo, haciéndose cargo el trabajador de todos los gastos, por supuesto (en torno a unos 3.000$).

Algunos están más ilusionados que otros. Unos piensan en quedarse aquí para siempre, y otros no ven el momento de regresar, o lo peor, no están bien aquí, pero tampoco saben muy bien qué hacer de sus vidas. ¿Adónde ir después?

También los hay que por la el choque cultural y la dificultad del idioma se acaban aislando y llegan a rozar la depresión.

Sí, claro que algunos se vienen con la tarjeta de crédito de papá y viven a todo trapo, pero no es lo más habitual, os lo aseguro.

Un día un canadiense me dijo que era afortunado por ser español. A mí me dieron ganas de partirle la cara. Mientras un licenciado canadiense tiene un sueldo más que decente y una carrera llena de oportunidades, los españoles tienen que huir de su país y alejarse de su gente para conseguir trabajos mal pagados o aquellos que no quieren los de aquí. “Lo mismo que sucedía en España con los inmigrantes”, me dijeron alguna vez. Pues, seguramente.

Algo común es ese afán por seguir adelante y buscar nuevas oportunidades

A todos esos jóvenes y no tan jóvenes que han dado el paso de buscar nuevas oportunidades fuera de su país. ¡Bravo! A esos que han decidido actuar, en vez de quedarse perdiendo el tiempo en casa de sus padres ¡Bravo! A esos que prefieren luchar por conseguir las cosas, aunque sea a veces malviviendo, en vez de renunciar a sus sueños por el conformismo ¡Bravo!

Lo que se está viviendo en España no es una fuga de cerebros. Supongo que los inteligentes son los que consiguen un trabajo dentro. Pero los que se marchan sí que son los que hacen cosas. Los que mueven un país. Los que luchan por sus sueños. Los que fracasan y los que los consiguen. Los que tienen sangre. En definitiva, los que viven.

 ¡A todos ellos un muy feliz año 2014! ¡Que todos vuestros objetivos se os hagan realidad! O al menos, que os acerquéis a ellos. Sean cuales fueren, ¡Mucha suerte!

domingo, 22 de diciembre de 2013

El tabú de los pies (en España)

Cuando te vas a vivir fuera no solo aprendes cosas del país al que te vas, sino que también te planteas el  porqué de algunas cosas que nosotros hacemos de una u otra manera. Damos por sentado que lo que nosotros hacemos es lo correcto, pero cuando chocas con otras culturas e intentas explicar por qué para ti es mejor hacer algo de otra forma, te quedas sin palabras. Supongo que nuestras tradiciones son muy sabias y tras años de forjarse ciertas costumbres alguna explicación habrá, y nosotros confiamos ciegamente en ello.

Por eso hoy quiero hablaros de nuestra fobia a los pies, esa timidez por sacarnos los zapatos y a quedarnos con calcetines. Parece que nos da vergüenza, no nos sentimos a gusto y consideramos de muy mala educación estar descalzos en lugares públicos o con personas con las que no tenemos suficiente confianza.

¿Por qué en España nos da vergüenza descalzarnos en público?

En Canadá esta norma social se la pasan por el forro.  Al contario, lo impolite sería más bien lo contrario. Entrar en casa ajena significa directamente descalzarse nada más cruzar la puerta y hacer vida en calcetines. Tanto si es una visita íntima, como una fiesta multitudinaria. Todo el mundo descalzo, bebiendo sus cervezas o copas de vino y bailando  (bueno, bailando poco), más bien conversando con gente que acabas de conocer. Y si no lo haces, alguien rápidamente te llamará la tención. No se cortarán, te lo aseguro.

Sorprendido me quedé en mis primeras clases, cuando vi que el profesor sin ningún tipo de pudor se sacaba sus zapatos y se disponía a dar la clase descalzo, al igual que muchos otros estudiantes que desenfundaban sus pies sin ningún tipo de culpabilidad. Eso sí, las clases están todas forradas de moqueta.

Incluso en el trabajo, no es raro que la gente se desprenda de las botas y deje respirar sus pies a la interperie. Y os diré que es muy gratificante dejar respirar tus pies después de tenerlos enfundados en botas de goma ideales para los días de mucha lluvia y de nieve.

No te olvides de quitar los zapatos nada más entrar en una casa canadiense

Y si en España lo habitual es dar las clases de pilates en calcetines, aquí también van un paso más y todo el mundo se los quita. Y no será porque aquí haga más calor. Pero no, no penséis mal, en la piscina siguen la tradición española y conservan el bañador… :P

Lo más exagerado que he visto ha sido lo de unos chicos que ya dejaban directamente su calzado fuera del apartamento, tirado en el descanso del portal, al alcance de todo el mundo…

Y esta costumbre no es exclusiva de Canadá. En casa de mis amigos de Londres entrar con calzado en casa también está prohibido. En Bruselas un amigo amablemente me preguntó por mi número de pie y al momento me trajo unas zapatillas con ese número. Y creo que en todos los países del norte de Europa es de lo más común. Y sin embargo en España, a ver como le decimos a los colegas, “oye, te importaría quitarte los zapatos?”. ¡Que va! sufrimos en silencio viendo como se estropea la alfombra de la sala. :P

Estampa habitual en la entrada de una casa canadiense
¿Qué nos pasa a los españoles con los pies? ¿Qué tipo de trauma tenemos que nos cuesta tanto enseñarlos? Supongo que este pudor viene de lejos, de cuando el día que tocaba baño era el domingo. Y, claro, el olor que se desprendía al quitar los zapatos no era de lo más agradable. Y de ahí mantenerlos bien encerrados. Vamos, es lo único que se me ocurre.

Pero ahora que presumimos de nuestra higiene diaria, ¿por qué no nos quitamos los zapatos al llegar a cualquier casa? Desde luego, los pisos se ensucian y se estropean mucho menos. En mi reciente visita a España, ya con mentalidad medio canadiense, se me hacía raro entrar en  las casas de mis amigos con botas.


Al final, es todo cuestión de costumbre y de llevar unos bonitos calcetines… Ya que aquí en las fiestas, ligues o no, se enseñan… :P