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domingo, 1 de junio de 2014

Fines de semana largos: Okanagan y Portland

Canadá es el segundo país más grande del mundo y tienen menos habitantes que España. Es un país inmenso que está vacío, por eso el hecho de buscar un viaje para un fin de semana largo supone recorrer muchos más kilómetros que lo que harías en España. En general América es así, pero aquí, si cabe, las distancias se notan más.

Afortunadamente aquí estos fines de semana largos son bastantes. Prácticamente todos los festivos son en viernes o lunes. De esta forma se evitan los puentes, pero te aseguras al menos tres días de descanso. Así, yo he aprovechado para conocer el valle de Okanagan, al este, a unos 400 kilómetros de Vancouver, y Portland y la costa estadounidense de Oregón, al sur, a unos 500 kilómetros y con una frontera de por medio.

Camino de Okanagan, ya con paisaje mediterráneo
Aunque el viaje a Okanagan supone cruzar montañas picudas y hasta zonas nevadas a principios de mayo, una vez en destino recuerda mucho al paisaje mediterráneo. Zonas más áridas, el verde intenso da paso a tonos tierras, y, es por ello, que Okanagan es La Rioja canadiense, o al menos, La Rioja de British Columbia, de donde proviene la mayor parte del vino local.

En el viaje, pueblos perdidos en medio de la nada, donde parece imposible no morirse del aburrimiento, con tres o cuatro cadenas de hamburguesas o bocadillos, que le dan algo de vida y que acaban siendo la parada obligada para los viajeros de carretera. Porque no hay nada más.

Lago de Osoyoos, en Okanagan
Kellowna, que viene siendo la capital, o al menos la ciudad más importante de Okanagan, es una ciudad pequeña, tranquila, que está bien, pero que quizás no merezca la pena recorrer 400 kilómetros para ser visitada. Bañada por un lago enorme que parece un mar, al final nos fuimos sin ver el auténtico Ogopogo, el monstruo que supuestamente vive bajo sus aguas al estilo del monstruo del Lago Ness, una serpiente de mar de unos 13-15 metros de longitud, según los indígenas.

Más paisaje mediterráneo en Okanagan
Por su parte, viajar hacia el sur de Vancouver supone cruzar la frontera de Estados Unidos y tener que parar, con las colas que conlleva especialmente en fines de semana largos, al estilo de las que se formaban hace años en Tui, para poder pasar a Portugal, pero más a lo bestia, al estilo americano.

Por primera vez, dejé Seattle a un lado y me dirigí directamente a Portland, ya en el estado de Oregón. Ni Seattle ni Portland son las capitales de sus estados, pero sí las ciudades más importantes y las más conocidas. Portland tiene como slogan “Keep Portland weird”, y es que presumen de ser una ciudad rara. La principal atracción de Portland son sus gentes, que aquí definen como hipsters, cuyo significado al principio pensaba que era hippy, pero viene a ser más parecido al de alternativo, personas que siguen un estilo de vida propio, independiente a las modas del momento.

En Portland no es raro ver cosas muy diferentes...

Incluso un drink car, a pedalear de bar en bar...
Es curioso como Estados Unidos es mucho más  variopinto de la idea que tenemos en Europa, y especialmente en España. Esa idea uniforme y muchas veces retrógrada de Estados Unidos, nada tiene que ver, por lo menos, con las ciudades del noroeste, mucho más abiertas, tolerantes y avanzadas. Además, en Estados Unidos cada Estado es un mundo, y las normas y la regulación son muy diferentes. Fuera ya de temas socorridos como si es legal o no la marihuana, la pena de muerte o el matrimonio gay, me ha llamado la atención en este viaje, como en temas de impuestos pueden ser completamente diferentes.

Curiosa estación para coger el metro en Portland
En Oregón, por ejemplo, no hay impuestos indirectos como el IVA. No se paga nada de impuestos cada vez que se hace una compra. Y en su vecino del norte, Washington, sin embargo, toda la carga impositiva del Estado recae en el IVA. Los ciudadanos tienen que hacer la declaración de la Renta pero sólo para la parte que corresponde al Gobierno Federal, no para el Estado, que se nutre básicamente de lo que recauda a través del IVA. Cabe destacar que en Seattle (Washington) se encuentran gigantes tecnológicos como Microsoft, Amazon o Boing, con directivos con sueldos muy altos y que no tienen ningún interés en que el Gobierno se lleve parte de su sueldo. Por el contrario, Portland, en Oregón, tiene fama de ser una ciudad más de izquierdas, como contaba, con gente con un estilo de vida más underground, por lo que la carga impositiva recae en los salarios en vez de en las compras.

Graffiti urbano en Portland
No obstante, curiosamente, en otros aspectos Washington es mucho más progre, ya que ha legalizado la marihuana (incluso antes que Vancouver) y el matrimonio gay, por ejemplo.

La costa de Oregón ha sido el gran descubrimiento de este viaje. Mar abierto, playas paradisíacas, grandes acantilados y mucho verde. Ha sido como una vuelta a Galicia por unas horas, con unos arbustos de flores amarillas, muy similares a nuestras “xestas”, si es que no eran las mismas.

Uno de los muchos puentes de Portland

Por fin impresionante mar abierto, en la Costa de Oregón

Playa desierta en la costa de Oregón

Bonitas vitas para sentarse y relajarse

¿Galicia o Estados Unidos?

Más ¿Galicia o Estados Unidos?

Más playas salvajes en mar abierto

Extrañas construcciones en la carretera 
Impresionante puente en Washington, ya de vuelta a casa

Más puentes en Washington u Oregón

Para los gallegos ¿son "xestas" o no?

domingo, 16 de febrero de 2014

Whistler también es lugar para no esquiadores

Después de haber pasado ya nueve meses en Vancouver, no haber visitado todavía Whistler era un crimen. Whistler es considerada por muchos la mejor estación de esquí de Norteamérica. Es la más grande, con más de 200 pistas de esquí en dos montañas diferentes: Whistler y Blackcomb. Cuenta con 38 teleféricos que permiten ascender a 1.609 metros sobre el nivel del mar, y con capacidad para albergar a más de 60.000 esquiadores por hora. Además, junto con Vancouver, fue sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2010.

A menos de dos horas por carretera de Vancouver, el principal inconveniente de Whistler es el precio. Tiene fama de caro. Y de hecho lo es. Los hoteles a pie de pista no son nada baratos y pasar un día aprendiendo a esquiar asciende a casi 300$, entre las clases, el alquiler de los esquís y el pase. Por eso no es el lugar más conveniente para los neófitos, ya que en el entorno de Vancouver existen otras pistas como Cypress, Seymour o Grouse Montain, más modestas pero suficientes para dar los primeros pasos en la nieve, y donde podrás ahorrarte unos 100 euros al día.



Pero Whistler también es lugar para no esquiadores. Subir a las montañas en los teleféricos y disfrutar de las vistas en las distintas paradas merece y mucho la pena. Apreciar la inmensidad de las montañas, sobrevolar los bosques, ver a los esquiadores diminutos a lo lejos y el paisaje nevado es una maravilla que cuesta en torno a 50$. Por ese precio puedes utilizar tanto las góndolas, como las telesillas durante todo el día y las veces que quieras.

Para subir a Whistler, puedes alquilar un coche o ir directamente en autobús. Hay varias empresas que ofrecen este servicio. Yo fui en el Snowbus, que si tienes carné de estudiante o de alberguista internacional te sale por 40$ ida y vuelta. Una vez arriba, decidimos alojarnos en el albergue internacional, que es el único alojamiento económico en Whistler (42$/persona). Las instalaciones están muy bien, pero está a 8 kilómetros del centro (está bien comunicado en bus urbano, que funciona hasta las 3 de la mañana los fines de semana) y, claro, como es albergue, tienes que compartir habitación y baño con desconocidos.



Aquí os dejo unas fotos para que podáis ver el paisaje. Un Whistler la temperatura estaba a pocos grados bajo cero, pero arriba de todo debía estar bastante más frío. Las manos se me congelaban al quitarme los guantes para hacer las fotos.

Naturaleza en estado puro...
Whistler acogíó las Olimpiadas de invierno de 2010
Parking de tablas de snowboard en una de las paradas del teleférico
Los bosques de Whistler a vista de páfaro desde el teleférico

Aunque hacía frío, se necesitaba nieve artificial

Vista del pueblo de Whistler con las montañas al fondo

Esquiadores deslizándose por una de las pistas de Whistler

Empinada subida inicial con el pueblo de Whistler al fondo
El teleférico te eleva hasta un kilómetro de altura
Sobrevolando en medio de la naturaleza de Whistler
Más naturaleza y más altura
Las vistas son impresionantes y rezuman paz y tranqulidad
Más vistas inmensas de naturaleza en estado puro
Una de las góndolas del teleférico
Una vista de los esquiadores y las telesillas
Ver las enormes coníferas tan diminutas, impresiona...
Una de las góndolas permite divisar el paisaje desde el suelo
El bosque visto desde lo alto
El mismo bosque, pero más de cerca
Y seguimos camino del cielo
Árboles y nieve es la tónica de las montañas de Whistler
Esquiadores disfrutando de las vistas de Whistler
Un nuevo parking de tablas de snowboard
Una telesilla con impresionantes vistas al fondo
Columna de telesillas
Vista de una de las pistas con el pueblo de Whistler al fondo
Un parque con pequeñas hogueras para calentarse del frío
Aunque algunos dan un paseo en pantalón corto a -7ªC
La llegada de los esquiadores a Whistler, desde el pueblo 
Aquí los niños empiezan a esquiar desde muy pequeños
Típica estampa en Whistler de jóvenes con tabla de snowboard
Niños jugando sobre un río congelado en Whistler