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lunes, 20 de mayo de 2013

Un paseo por New Westminster

Hoy es el día de Victoria, capital de la British Columbia, y por lo tanto festivo, lo que equivaldría al Día de Santiago en Galicia. Yo no he tenido clase, pero aquí poco más da. Las tiendas abren domingos y festivos, aunque cierran algo más temprano.

He aprovechado para hacer unos recados por el barrio y dar un paseo por una zona en la que se encuentran las casas más antiguas y más chulas. Por lo visto, New Wensmister es conocido por ser donde se asentaron los primeros colonos de Vancouver y donde están las casas más antiguas, de más de cien años, aunque a nosotros eso nos parezca poca cosa. De hecho, yo también vivo en una casa centenaria.


Las casas son muy diferentes a las que podemos encontrar por España. Casi todas son de madera. No son ostentosas, pero son muy bonitas. Los jardines están extremadamente cuidados y lo que más me llama la atención es que, en muchos casos, llegan a la calle, sin ningún tipo de cierre. Y cuando hay alguna división, nada de muros enormes. Algunas pequeñas vallas de madera o pequeños setos.

Hoy, día de descanso, los vecinos también aprovechan para arreglar sus jardines. Como veis en las fotos, son espectaculares. En este país la naturaleza es sagrada y hay una gran devoción por las plantas y las flores.




Su afán por reciclar es enorme. Mi casa es un ejemplo, pero de eso ya hablaremos en otro post. Mirad lo que me he encontrado en uno de los jardines:

Televisión disponible para quien la quiera
Lo que no sé es lo que le pasa al conducir, que parece que van con miedo. Las carreteras son enormes (vale, los coches también), apenas hay tráfico, van a una velocidad que no debe superar los 40 kms. hora por las zonas residenciales y parece que se asustan si te ven cerca de la carretera. Haciendo una foto de una casa en el borde de una acera, una conductora me pitó escandalizada, como si fuese la mayor imprudencia que hubiese visto en su vida.

Aunque no pasen coches, pulsar el botón y escuchar un "güeit"
Después está la calle principal, donde hay varios centros comerciales pequeños, bancos, tiendas, alguna cafetería y bastantes restaurantes de todo tipo: italianos, tailandeses, mexicanos, chinos… pero no, ninguno español, parece que aún hay un hueco para una tortillería. :P


En cambio, la imagen de los comercios por aquí deja bastante que desear. Dejando a un lado las grandes cadenas, los escaparates de los pequeños comercios son en general bastante pobres y muy poco atractivos. Hay mucho que hacer por aquí en este campo. Fijaros en el escaparate de este dentista, ortodoncista o similar… ¿quién se apunta?

Ampliad la foto y mirad el perro con dentadura postiza... :P

Aquí os dejo varias fotos de las casas de la zona para que os hagáis una idea.



¿Dónde termine el jardín privado y empieza la zona pública?







sábado, 18 de mayo de 2013

15 días: creando una rutina

Quince días en Vancouver y todo va siguiendo su curso. Por el momento me voy adaptando bastante bien. Me despierto en torno a las 6.30, aunque mi despertador está puesto para las 6.50. La luz no me deja dormir. No hay persianas en mi habitación. Tan solo unas cortinas oscuras, pero demasiado finas, por lo que atenúan la luz, pero la dejan entrar igualmente.

El tupper más habitual para el luch son las sobras de la cena anterior

Para desayunar puedo coger lo que me apetezca de la cocina, que aunque un poco revuelta y desorganizada está bien surtida. Ya he conseguido adaptar mi spanish breakfast: Un tazón de leche con un sucedáneo de Cola Cao y cereales. Después a veces algo de fruta o zumo. A las 8.00 horas tengo que estar saliendo de casa, pero antes preparo mi lunch en un tupper. También puedo coger lo que quiera. Normalmente, las sobras de la cena anterior. A veces algún sándwich o una ensalada de lo que encuentre. Lo difícil es saber qué hay en las dos neveras de la cocina y en la otra del sótano. Y saber qué es cada cosa. Tienen montones de botes de productos chinos y muchísimas salsas, que no sé cómo utilizar. También me suelo llevar un plátano, que tienen siempre, y un refresco.

Después a las 8 comienza la caminata hacia la escuela cargado con la mochila del cole con los libros y el tupper de la comida. El recorrido andando de casa a la estación y de la estación a la escuela ya está controlado. Los 25 minutos en el skytrain son bastante insufribles. A esa hora está repleto y nunca hay asiento libre. Estamos como en una lata de sardinas, con la bolsa entre las piernas y el móvil en la mano porque es el momento de guasapear con España. También en los descansos entre clase y clase, que son de 15 minutos.

Una vista desde el puente de Cambie, con la esfera del Science World

Finalmente, como solo quedan dos semanas para cambiar de clases, voy a continuar en las que estoy y pedir después cambio para listening por las tardes. Noto que es donde tengo más carencias. Pero todavía queda mucho tiempo por delante, así que con calma.

Al salir de clase, antes de volver para casa, aprovecho para ir conociendo sitios nuevos, hacer recados o quedar con gente. Sí, españoles y, hasta gallegos, que los hay. Aunque la premisa es no juntarse con ellos para evitar hablar español, uno necesita saber que puede contar con el apoyo de alguien que te entiende y está en tu misma situación. Repito, no es solo el idioma. La idiosincrasia es distinta. La forma de ver las cosas es distinta. Y tener a mano a alguien que te entiende, aunque lo conozcas de dos días, es un alivio. Además, el hecho de haber tomado la decisión de venirnos ya es un punto en común muy fuerte.

Zonas verdes y edificios enormes conviven en armonía en Vancouver

Después el regreso a casa vuelve a ser otro agobio, aún peor, porque el camino a casa en New Westminster es cuesta arriba. Pero, lo bueno es que en el metro se va mejor. Hay menos gente y se puede ir sentado.

En casa estoy muy bien. Me gusta saber que tengo un sitio en el que estoy cómodo y seguro. Normalmente se cena a las 8 o un poco antes, bastante tarde para ser Canadá. Antes debería aprovechar para estudiar, pero por el momento tampoco he tenido mucho tiempo. Últimamente he tenido que hacer gestiones varias. Ya he solicitado el visado de trabajo. Finalmente on line, porque así me llega antes. Por correo ordinario me tardaba dos meses y medio y así espero que solo algo más de un mes, tal y como leí en la web. También ya he preparado mi primera clase de español. Sí, este domingo tengo mi primer estudiante. Es una clase de prueba. A ver si me luzco y ya establecemos una rutina semanal.


Mi primera mazorca con carne en salsa barbacoa, excesivamente dulce

En la cena aprovecho para practicar inglés. En la casa hay buen ambiente. Estudiantes de inglés solo estamos un chico chino muy jovencito, que es el peque de la casa, y yo. Los otros dos huéspedes son canadienses. Uno trabaja y el otro es un señor jubilado de la ciudad de Victoria que está haciendo un curso sobre deporte cerca de la casa. Aunque cuando hablan entre ellos me pierdo, sí que se interesan y a veces hacen esfuerzos por integrarme en la conversación y entenderme.

También he ido a correr un par de veces por la zona. Y me he perdido, claro, pensando en las musarañas. Pero preguntando he vuelto a casa sin problema. La gente es muy agradable y te ayuda encantada. Hasta la mayoría acaban preguntándote de dónde eres e interesándose por España. Me gusta New Westminster. Es muy tranquilo, con parques y zonas para practicar deportes, pero también con varias zonas con restaurantes internacionales y alguna cafetería. Ayer, por ejemplo, fui a cenar a un tailandés.

Mi hogar en New Westminster, una casa centenaria hecha en madera

Todavía no sé qué hacer para el próximo mes. Por un lado, todo el meollo está en donwtown y no tendría que perder tanto tiempo en viajes cada día. La idea de salir de casa y moverte en bici o poder ir a correr por Stanley Park es muy apetecible. Pero por otro, tampoco he visto nada interesante en internet y yo valoro bastante la casa como para malvivir hacinado en cualquier cuartucho, porque en downtown los precios de las habitaciones buenas se disparan. Además aquí no me tengo que preocupar por nada. Tan solo de mantener mi cuarto ordenado y colaborar recogiendo platos, porque de la comida y de la limpieza de la casa se encarga la pareja, lo que me permite aprovechar el tiempo con otras cosas.


No sé, a no ser que encuentre algún chollo en las próximas semanas, creo que seguiré en New Wenstminster un poco más, mientras me sigo haciendo a la ciudad. Cuanto más la voy conociendo, más me va gustando y me siento poco a poco uno más.

domingo, 5 de mayo de 2013

Padeciendo el jet lag…

Son las tres de la mañana y me acabo de despertar. Por aquí no se escucha ni un alma. Todos duermen. Ayer me quedé dormido sobre las 6 de la tarde. No aguanté ni hasta la cena.

Fue un día intenso. Me levanté a las 6.30 en Londres, en un hotel cápsula que hay en el Aeropuerto de Gatwick. Me duché y me fui a facturar la maleta grande. Aunque el avión salía a las 9.20 ya había una cola enorme en los mostradores de Air Transat. Cuando facturé me volví por las cosas al hotel y me dirigí a la puerta de embarque. No me atreví a pararme a desayunar, porque parecía que todo iba muy rápido. E hice bien porque no me sobró el tiempo. Me cogí un zumo por el camino y ese fue mi desayuno.

La ruta aérea de Londres a Vancouver pasa por Islandia y Groenlandia

Air Transat me sorprendió para bien, pero lo dejaré para otro post. El avión recorrió toda Inglaterra y Escocia. Luego se dirigió hacia Islandia, que aunque en español viene de la palabra “isla”, en inglés procede de la palabra “hielo”, Iceland. También sorprende la diferente traducción del nuevo destino, Groenlandia, que en inglés significa “tierra verde”, Greenland. Vamos, que nunca tan al norte había estado. Después entró en Canadá por el noreste y la cruzó hasta el suroeste y, tras 9 horas y media, llegamos a Vancouver.


En inmigración me topé por primera vez con la burocracia canadiense. Un solo oficial para atender toda una cola de visados de estudio y de trabajo. Y el proceso tardaba lo suyo. Unos 10-15 minutos con cada persona.  Y mi maleta todavía en la cinta y, supuestamente, mi hoster esperándome en el aeropuerto. Ya me temía que mi maleta estuviera después desaparecida o que mi hoster se volviera a casa al no saber nada de mí.

Las montañas nevadas bordean todo el área del Gran Vancouver

Pero no. Finalmente mi maleta me estaba esperando ya fuera de la cinta, y mi hoster tras cruzar la puerta de llegada. Aunque me había enviado una foto, al principio no estaba seguro de que fuera él, porque me debió de haber enviado una de cuando tenía 10-15 años menos… Hacía muy buen día, mucho sol, aunque no noté que hiciera mucho calor hasta unas horas después. ¡El día más caluroso que he tenido este año ha sido en Canada!


Un amigo jubilado nos vino a buscar en un mini-coche, aunque entramos todos y las maletas. Este, aunque nacido en Maniatoba (Canadá), era de origen francés. Ambos me parecieron muy agradables desde el principio. Y me sorprendió que les entendiese bastante bien. Y ellos a mí. El acento canadiense es bastante más claro que el británico. Nos dirigimos rumbo a New Westmister, donde me esperaba mi nuevo hogar, a unos 20 kms. del centro de Vancouver.

Esta "copia" del puente de Rande (:P) es el más grande de Norteamérica

La habitación no me gustó nada al principio. Muebles muy viejos, cada uno de su padre y de su madre, aunque con mucho servicio para colocar cosas. La colcha horrorosa y la cama de la época de la polca. Nada que ver con la que había visto en fotografía, aunque ya me habían avisado en el último momento que iban a cambiar los muebles. Supongo que uno de sus otros inquilinos los reclamó al quedar libre la habitación… Pero, bueno, estaba allí, agotado, y no me apetecía dar vuelta atrás.

Además, mi hoster por el momento me cae bien. Muy amable y servicial. Se preocupa por que me sienta a gusto y era un poco lo que quería. No conozco a nadie aquí y parece querer ayudarme a integrarme. Así, por ejemplo, más tarde vinieron unos amigos y nos fuimos a tomar café a la terraza de un ático de una pareja que vive cerca. Este sí que muy moderno y chulo, donde saqué estas fotos. Me sentí como uno más. Muy amables todos. La mayoría llegaron a Canadá hacía años. El último, un alemán, que llegó hace unos cinco años. También otro de Hong Kong, al que me costaba entenderle cuando hablaba. Pero era normal. Estaba demasiado cansado y ya saturado de tanto inglés. En España ya eran horas de dormir.


Aquí mucha gente prefiere escalar picos como este en vez de la playa

Después un paseo por el barrio/pueblo/ciudad. No sabría como definirlo. New Wensmister es el municipio más antiguo que pertenece a la mancomunidad del Gran Vancouver, con casas de más de cien años. De hecho, donde yo vivo, los tiene. Todo muy tranquilo. Casas muy chulas y jardines muy cuidados con mucho tulipán. Pero en ese momento no estaba yo para disfrutarlos. Necesitaba irme para casa y descansar. Desde las seis no sé nada de lo que pasa fuera de mi habitación. Ni siquiera conozco a los demás inquilinos ni a mi otro hoster. Y ahora todos duermen.