domingo, 1 de junio de 2014

Fines de semana largos: Okanagan y Portland

Canadá es el segundo país más grande del mundo y tienen menos habitantes que España. Es un país inmenso que está vacío, por eso el hecho de buscar un viaje para un fin de semana largo supone recorrer muchos más kilómetros que lo que harías en España. En general América es así, pero aquí, si cabe, las distancias se notan más.

Afortunadamente aquí estos fines de semana largos son bastantes. Prácticamente todos los festivos son en viernes o lunes. De esta forma se evitan los puentes, pero te aseguras al menos tres días de descanso. Así, yo he aprovechado para conocer el valle de Okanagan, al este, a unos 400 kilómetros de Vancouver, y Portland y la costa estadounidense de Oregón, al sur, a unos 500 kilómetros y con una frontera de por medio.

Camino de Okanagan, ya con paisaje mediterráneo
Aunque el viaje a Okanagan supone cruzar montañas picudas y hasta zonas nevadas a principios de mayo, una vez en destino recuerda mucho al paisaje mediterráneo. Zonas más áridas, el verde intenso da paso a tonos tierras, y, es por ello, que Okanagan es La Rioja canadiense, o al menos, La Rioja de British Columbia, de donde proviene la mayor parte del vino local.

En el viaje, pueblos perdidos en medio de la nada, donde parece imposible no morirse del aburrimiento, con tres o cuatro cadenas de hamburguesas o bocadillos, que le dan algo de vida y que acaban siendo la parada obligada para los viajeros de carretera. Porque no hay nada más.

Lago de Osoyoos, en Okanagan
Kellowna, que viene siendo la capital, o al menos la ciudad más importante de Okanagan, es una ciudad pequeña, tranquila, que está bien, pero que quizás no merezca la pena recorrer 400 kilómetros para ser visitada. Bañada por un lago enorme que parece un mar, al final nos fuimos sin ver el auténtico Ogopogo, el monstruo que supuestamente vive bajo sus aguas al estilo del monstruo del Lago Ness, una serpiente de mar de unos 13-15 metros de longitud, según los indígenas.

Más paisaje mediterráneo en Okanagan
Por su parte, viajar hacia el sur de Vancouver supone cruzar la frontera de Estados Unidos y tener que parar, con las colas que conlleva especialmente en fines de semana largos, al estilo de las que se formaban hace años en Tui, para poder pasar a Portugal, pero más a lo bestia, al estilo americano.

Por primera vez, dejé Seattle a un lado y me dirigí directamente a Portland, ya en el estado de Oregón. Ni Seattle ni Portland son las capitales de sus estados, pero sí las ciudades más importantes y las más conocidas. Portland tiene como slogan “Keep Portland weird”, y es que presumen de ser una ciudad rara. La principal atracción de Portland son sus gentes, que aquí definen como hipsters, cuyo significado al principio pensaba que era hippy, pero viene a ser más parecido al de alternativo, personas que siguen un estilo de vida propio, independiente a las modas del momento.

En Portland no es raro ver cosas muy diferentes...

Incluso un drink car, a pedalear de bar en bar...
Es curioso como Estados Unidos es mucho más  variopinto de la idea que tenemos en Europa, y especialmente en España. Esa idea uniforme y muchas veces retrógrada de Estados Unidos, nada tiene que ver, por lo menos, con las ciudades del noroeste, mucho más abiertas, tolerantes y avanzadas. Además, en Estados Unidos cada Estado es un mundo, y las normas y la regulación son muy diferentes. Fuera ya de temas socorridos como si es legal o no la marihuana, la pena de muerte o el matrimonio gay, me ha llamado la atención en este viaje, como en temas de impuestos pueden ser completamente diferentes.

Curiosa estación para coger el metro en Portland
En Oregón, por ejemplo, no hay impuestos indirectos como el IVA. No se paga nada de impuestos cada vez que se hace una compra. Y en su vecino del norte, Washington, sin embargo, toda la carga impositiva del Estado recae en el IVA. Los ciudadanos tienen que hacer la declaración de la Renta pero sólo para la parte que corresponde al Gobierno Federal, no para el Estado, que se nutre básicamente de lo que recauda a través del IVA. Cabe destacar que en Seattle (Washington) se encuentran gigantes tecnológicos como Microsoft, Amazon o Boing, con directivos con sueldos muy altos y que no tienen ningún interés en que el Gobierno se lleve parte de su sueldo. Por el contrario, Portland, en Oregón, tiene fama de ser una ciudad más de izquierdas, como contaba, con gente con un estilo de vida más underground, por lo que la carga impositiva recae en los salarios en vez de en las compras.

Graffiti urbano en Portland
No obstante, curiosamente, en otros aspectos Washington es mucho más progre, ya que ha legalizado la marihuana (incluso antes que Vancouver) y el matrimonio gay, por ejemplo.

La costa de Oregón ha sido el gran descubrimiento de este viaje. Mar abierto, playas paradisíacas, grandes acantilados y mucho verde. Ha sido como una vuelta a Galicia por unas horas, con unos arbustos de flores amarillas, muy similares a nuestras “xestas”, si es que no eran las mismas.

Uno de los muchos puentes de Portland

Por fin impresionante mar abierto, en la Costa de Oregón

Playa desierta en la costa de Oregón

Bonitas vitas para sentarse y relajarse

¿Galicia o Estados Unidos?

Más ¿Galicia o Estados Unidos?

Más playas salvajes en mar abierto

Extrañas construcciones en la carretera 
Impresionante puente en Washington, ya de vuelta a casa

Más puentes en Washington u Oregón

Para los gallegos ¿son "xestas" o no?

jueves, 22 de mayo de 2014

Un año después y más Vancouver

Ya ha pasado más de un año desde mi llegada a Canadá y ni una conclusión ni nada. Tengo el blog muy abandonado y a todos vosotros desinformados. No es que no pasen cosas. Qué va! Pero el tiempo apremia y las horas parecen insuficientes para hacer todo lo que uno quisiera

En lo que va de mes he visitado Okanagan, lo que viene a ser como La Rioja de British Columbia, zona de viñedos y de paisajes que recuerdan al Mediterráneo; Portland, la ciudad crazy de Estados Unidos, donde todo es posible, y la costa de Oregón, que me ha recordado mucho a mi amada Galicia, costa verde y acantilada, con playas con mucho oleaje. Y en lo que me queda de mes, tengo pendiente un concierto de Lana del Rey y otro de Lady Gagá… Parece que en el mes de mayo he condensado todo lo que no he hecho en el resto del año… Hay que aprovechar, que queda poco, diréis vosotros, pero no, esperemos que no…

Totems, antiguas construcciones indígenas en Stanley Park

Todavía hay más novedades y más importantes. Por un lado, por fin soy un empleado a tiempo completo en una sola empresa y con un horario más que bueno: de 9 a 5 de lunes a viernes. Como un señor…

Y por otro, y por consiguiente, he tomado la decisión de quedarme en Canadá más tiempo. O por lo menos de intentarlo. Aunque no las tenía todas conmigo. Y no tenía muy claro qué es lo que quería hacer. Una vez más en mi vida he decidido aprovechar las oportunidades que me han venido dadas y disfrutar el momento.

Sí, oportunidad, porque quedarse en un país que no es el tuyo no es tan fácil. Vivimos pendientes del visado, del permiso de trabajo, de papeleo y burocracia… No somos ciudadanos y nuestros derechos están reducidos. Lo saben los que quieren venir a trabajar aquí y no pueden. O los que ven que su permiso está a punto de expirar y sondean todas las opciones habidas y por haber que les permitan permanecer y continuar su aventura.

Hace un mes estaba en pleno proceso de negociación con mis dos empresas. La verdad, sin muchas ganas de pelear. Una cosa, como os he dicho, es aprovechar la oportunidad, y otra muy distinta es hacer todo lo posible por conseguir quedarme aquí a cualquier precio, como si el mundo no fuera suficientemente grande o Vancouver el único paraíso del mundo. No era esa mi pretensión. Desde luego mi experiencia en Vancouver ha sido más que gratificante, pero siempre he intentado ser crítico con esta ciudad. Y como os he dicho, no estaba dispuesto a intentar quedarme aquí a cualquier precio.

El puente colgante de Capilano... cruzo, no cruzo, me pongo a saltar...

Pero a pesar de que hay cosas que no me gustan, y de las que no voy a hablar ahora, hay algo que Vancouver indiscutiblemente tiene y que España desde luego no. Y son las oportunidades laborales y de promoción. Mi caso es que ambas empresas me han ofrecido jornada a tiempo completo y apoyo para esponsorizarme para continuar en Canadá. Ambas. Pero aunque éste es mi caso y no todo el mundo tiene la misma experiencia. Sí que es cierto, que aquí si eres un poco espabilado y trabajador es muy fácil promocionar en muy poco tiempo. Una amiga, por ejemplo, que llegó también hace un año, empezó a trabajar de dependienta en Zara y en unos meses, y con un inglés bueno, pero no nativo, ha conseguido hacerse jefa de planta en una de las principales tiendas de la ciudad. En meses… ¿Alguien se imagina entrar a trabajar en un Zara en España y hacerse encargado/a en menos de un año y sin dominar el idioma?

Pues aquí esas cosas pasas y a mí, como a muchos otros, me ha pasado. El college en el que yo trabajo me ha demostrado su apuesta por mí. Y ahora a mí me toca estar a la altura. Pensar que el día que salí de esa entrevista de trabajo no esperaba nada y que ahora me están abriendo las puertas a Canadá…
Y una vez que una empresa apuesta por ti, ¿Quién soy yo para decir que no y que me vuelvo a mi país a chupar del paro o a empezar de nuevo en otro en el que no sé cómo me irá? Y una frase colosal de un amigo que me ayudó al lanzarme al charco. “Si te vas ahora, nunca podrás volver. Pero si te quedas, siempre te podrás marchar”.

Y una vez decidido que voy a aprovechar esta oportunidad, el siguiente paso ha sido decidir cómo. Por consejo de mi propia empresa y tras haberme informado un poco con gente en similar situación, me he decantado por el programa provincial, conocido por PNP (Provincial Nominee Program). No es en sí un permiso de trabajo, sino un primer paso para solicitar la permanent residence, lo que dicho así parecen palabras mayores, pero al fin y al cabo es la forma más fácil de conseguir un permiso de trabajo y de despreocuparse de los visados. La provincia te tiene que nominar y después tienes que solicitar la permanent residence al Gobierno Federal, y en ese proceso ya puedes estar trabajando.Pero eso es ya otro capítulo del blog, que prometo escribir en breve. Y ahora a esperar a que me nominen, pero aquí, a diferencia de Gran Hermano, los nominados son los que se quedan. Buen fin de semana, familia!


miércoles, 2 de abril de 2014

España vs Canadá, o de cómo nos ven y cómo nos vemos

España y lo español tiene una buena imagen en Canadá, por lo menos en Vancouver. A pesar de la crisis y del éxodo de españoles que está marchando del país, todavía hay canadienses que quieren dejarlo todo y empezar una nueva vida en España.

Tengo dos amigos-conocidos que están decididos a buscar un futuro en España. Uno de ellos ya ha vendido su piso y ahora tiene en venta su negocio, con el objetivo de comprar en el Eixample barcelonés un piso de más de 500.000 euros que le abriría las puertas a la residencia permanente. Sí, en España si quieres ser español gastas pasta y te lo ponen fácil. Pero que nadie se engañe. En Canadá, también. Su idea es montar un salón –como se le llama a una peluquería fina y de nivel, donde en vez de cortar el pelo, crean tendencias…-. Le he advertido de la situación de España, de que allí los negocios cierran en vez de abrir, donde los impuestos son mucho más altos y los salarios más bajos, donde la gente se va… En fin, que informado está, incluso del referéndum anunciado de independencia de Cataluña, pero él erre, que erre, que ha estado en Barcelona y quiere irse a vivir allí, que es un momento bueno para invertir en España, que está harto de Vancouver después de más de 20 años y que en nuestro país hay calidad de vida y es donde quiere pasar el resto de sus días…



El segundo más de lo mismo. Éste, divorciado, está esperando que su hijo se independice para irse a vivir a Málaga con su nueva pareja. Su idea es trasladar el trabajo que está haciendo aquí. Crear una empresa que acerque el capital privado a las universidades, ese capital privado que nos dice continuamente que los españoles somos vagos y poco eficientes, que nos paga cada vez salarios más ridículos y exige carreras, másters y varios idiomas, para trabajar explotado por un salario de mileurista, menos que un salario mínimo canadiense. Y yo le comento lo mismo, que ahora no es un momento para empezar un negocio en España, que en España las universidades tienen fundaciones para hacer ese trabajo, que necesitas contactos, y que los negocios en nuestro país no son tan fáciles como aquí…

Ser español mola en Canadá. El español es un idioma en alza. De hecho, es el idioma más hablado en América y cada vez con más hablantes en Estados Unidos, donde muchas empresas de atención al cliente ofrecen sus servicios tanto en inglés como en español. Y España es Europa. Somos atractivos para los canadienses pero también para otros inmigrantes, especialmente asiáticos. Somos alegres, felices, amables, vivimos bien. Creen que trabajamos poco y que nos pasamos el día durmiendo (la siesta, se entiende). Fiesta y siesta son las dos palabras más internacionales en español. Todo el mundo las entiende y marcan, desgraciadamente, nuestra imagen. Un día me dijeron si “jugaba” con no sé qué. Traducción literal del inglés. Yo pregunté que qué era eso que no tenía ni idea. Por lo visto era una droga, y se sorprendieron como siendo español no la conocía. A veces no entienden que aunque la fiesta y el alcohol forman parte de nuestra cultura, nosotros no nos dedicamos a emborracharnos solos en casa, sino que es una forma de socializar, y aunque salgamos hasta la madrugada no necesitemos sustancias adicionales (por lo menos no todo el mundo, o de forma generalizada).

Hemos exportado con alegría esos estereotipos turísticos de tierra de fiesta, playa, siesta y felicidad, que más allá de nuestras fronteras se piensan que mientras ellos trabajan nosotros nos dedicamos a dormir, cuando la verdad es que las jornadas laborales españolas son mucho más largas y, lo que es peor de todo, se ve completamente normal trabajar horas extras sin que te las paguen. En Canadá, en cambio, el salario es por horas, y cuantas más horas trabajes, más dinero ganas, lo que hace que los empresarios estén menos interesados en que calientes la silla de tu oficina.

La verdad  es que esa imagen que se ha creado de los españoles con el trabajo no solo se la creen fuera, sino que nosotros mismos tenemos el complejo de pensar que somos más vagos, menos eficientes y menos profesionales que el resto del mundo. Y no. No señor. Tenemos unos horarios diferentes, pero en el tiempo que llevo en Canadá, por mi experiencia y la de otros españoles que están trabajando aquí, no creo en absoluto que así sea. Más bien todo lo contrario. En España hay mucho joven profesional, muy currante, muy cualificado, y mal pagado, que con un buen nivel de inglés sería capaz de comerse el mundo, al menos en Canadá.

¿Y  entonces? ¿Por qué las empresas en Canadá funcionan y en España no? Ese es un misterio que me preguntan continuamente aquí y que es difícil contestar… Pero hay que tener en cuenta que Canadá es un país enorme con muchísimos recursos, como petróleo, y que está menos poblado que España, por lo que toca mucho más a repartir por cabeza, y por lo tanto muchos menos impuestos a pagar, aunque ellos piensen que no, porque se comparan con sus vecinos del sur, donde los impuestos son bajos porque los servicios sociales también lo son.


En fin, que no hay nada como verse a uno mismo desde fuera para conocerse mejor e incluso valorarse más.

jueves, 13 de marzo de 2014

Diez meses en Vancouver y convertido en un auténtico busy man

Miércoles, mitad de la semana y escupiendo adrenalina por todas partes. Así es mi lunes a viernes habitual. Cuatro horas de trabajo. Veinte-treinta minutos para llegar al segundo. Y cuatro horas más para finalizar. Dos medias jornadas que hacen una completa.  A ello se le suman mis visitas al gimnasio, hacer la compra, cocinar, lavar ropa, estudiar algo de inglés,  practicar el listening con películas y alguna vida social. En definitiva, me he convertido en un busy man al Canadian style! :P

Y a pesar de trabajar ocho horas seguidas, comiendo mi sándwich o la comida de mi tupper delante del ordenador, pocas veces mi trabajo me había provocado tanta satisfacción. O si lo he sentido ya no me acordaba de ello ¿Tengo el mejor trabajo de mi vida? No ¿Es la mejor empresa en la que he trabajado? No. Pero venir de un país donde el desempleo y las malas condiciones laborales son la causa de una depresión  colectiva, te hace valorar esa sensación de estrés, de que no te llegan las horas para hacer tantas cosas y de que se sucedan acontecimientos prácticamente cada día.

Imagen tomada en mi camino entre trabajos
Trabajar, aprender trabajando, sentirte valorado y obtener pequeños triunfos que te motivan a seguir adelante es en estos momentos una de las grandes satisfacciones de mi vida en Vancouver. Además, el hecho de hacer cosas nuevas, que se multiplican por dos con dos trabajos, tener compañerosde distintos países (Brasil, Japón, Reino Unido, India, Corea, China y, por supuesto, Canadá), hablar cada día con personas con historias diferentes e intentar ayudarles  y ofrecerles soluciones.... Nunca pensé que diría esto, pero es cierto, trabajar puede ser un motivo para la felicidad, sin que tenga que ser ganando mucho dinero  esforzándote poco.

Trabajo en una statup (una empresa online) y en un college que está empezando, por lo que ambos lugares son caldo de cultivo de nuevas ideas, nuevos retos y aprender día a día con cosas nuevas.
Es curioso como esta situación me recuerda a mis comienzos laborales, cuando trabajaba más duro a cambio de menos dinero, pero lo hacía ilusionado porque creía en el proyecto de mi empresa y estaba contento de participar en él. Desde luego, ver nacer una empresa, aportas tus ideas y verla crecer día a día es una gran satisfacción personal.

Ya van diez meses en Vancouver y mirando hacia atrás veo todo lo que he avanzado y los objetivos que he ido cumpliendo. Mi inglés dista mucho de ser perfecto, pero soy capaz de comunicarme en prácticamente cualquier situación. La gente me entiende sin problemas y yo cada vez necesito esforzarme menos para entenderlos, aunque sigue habiendo personas y acentos que se hacen más duros.

Típica valla para tapar las obras, pero aquí dice "necesitamos personal"
Laboralmente, he conseguido pasar las tres entrevistas a las que me han llamado y he ido progresando poco a poco en donde me he quedado. He conseguido que fueran valorando mi trabajo a pesar de mi macarrónico inglés y en ambos casos me han mostrado su interés en intentar ayudarme para conseguir ampliar mi visado de trabajo, lo que no es poco y se agradece y mucho.

A nivel personal, la ciudad inhóspita para la vida social que me ha llegado a parecer Vancouver en algún momento, ya no lo es tanto. Y las barreras culturales y lingüísticas, que he sufrido y padecido para hacerme un hueco en ella, parece que poco a poco se van suavizando. Sigo topándome con conductas que no comparto y con una forma de ver las cosas que no entiendo, pero poco a poco voy consiguiendo interpretar sus códigos, recibo mensajes y llamadas en mi móvil que antes eran imposibles y llega el fin de semana y ya tengo que empezar a organizarme para cenas, cafés y fiestas. Y he descubierto que el acento español hablando inglés es sexy! :P

Ahora también soy consciente de que no todo estaba fuera, sino también dentro de mí. Llegas a una ciudad nueva, con una cultura diferente y un idioma que no dominas, sin amigos ni familia, y esperas recibir lo mismo que recibías de ellos, sin darte cuenta de que eres un completo desconocido para todo el mundo. Y tú eres la única persona con la que puedes contar.

Una de las primeras imágenes que saqué de Vancouver
Pero también es cierto que te acabas cruzando con mucha gente excepcional, mucha que pasa y poca que se queda. Pero también la hay. ¿Españoles? Sí, por supuesto. Claro que no puedes estar rodeado de españoles todo el rato. Y que si estás en otro país es para integrarte y hablar su idioma. Pero también es cierto que, cuando estás fuera, tener a mano a alguien que pueda compartir tu visión de las cosas y con el que sabes que puedes contar en cualquier momento es un lujo. Y yo afortunadamente creo que he tenido la suerte de conseguir ese equilibrio.

Es curioso como ahora que empieza la cuenta atrás, uno es cuando más disfruta, porque lo que antes era muy difícil ahora ya no lo es tanto. Veamos a ver qué pasa en estos tres meses y medio que me quedan, pero si no puede seguir siendo en Canadá, el mundo sigue siendo muy grande ¿no?

domingo, 16 de febrero de 2014

Whistler también es lugar para no esquiadores

Después de haber pasado ya nueve meses en Vancouver, no haber visitado todavía Whistler era un crimen. Whistler es considerada por muchos la mejor estación de esquí de Norteamérica. Es la más grande, con más de 200 pistas de esquí en dos montañas diferentes: Whistler y Blackcomb. Cuenta con 38 teleféricos que permiten ascender a 1.609 metros sobre el nivel del mar, y con capacidad para albergar a más de 60.000 esquiadores por hora. Además, junto con Vancouver, fue sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2010.

A menos de dos horas por carretera de Vancouver, el principal inconveniente de Whistler es el precio. Tiene fama de caro. Y de hecho lo es. Los hoteles a pie de pista no son nada baratos y pasar un día aprendiendo a esquiar asciende a casi 300$, entre las clases, el alquiler de los esquís y el pase. Por eso no es el lugar más conveniente para los neófitos, ya que en el entorno de Vancouver existen otras pistas como Cypress, Seymour o Grouse Montain, más modestas pero suficientes para dar los primeros pasos en la nieve, y donde podrás ahorrarte unos 100 euros al día.



Pero Whistler también es lugar para no esquiadores. Subir a las montañas en los teleféricos y disfrutar de las vistas en las distintas paradas merece y mucho la pena. Apreciar la inmensidad de las montañas, sobrevolar los bosques, ver a los esquiadores diminutos a lo lejos y el paisaje nevado es una maravilla que cuesta en torno a 50$. Por ese precio puedes utilizar tanto las góndolas, como las telesillas durante todo el día y las veces que quieras.

Para subir a Whistler, puedes alquilar un coche o ir directamente en autobús. Hay varias empresas que ofrecen este servicio. Yo fui en el Snowbus, que si tienes carné de estudiante o de alberguista internacional te sale por 40$ ida y vuelta. Una vez arriba, decidimos alojarnos en el albergue internacional, que es el único alojamiento económico en Whistler (42$/persona). Las instalaciones están muy bien, pero está a 8 kilómetros del centro (está bien comunicado en bus urbano, que funciona hasta las 3 de la mañana los fines de semana) y, claro, como es albergue, tienes que compartir habitación y baño con desconocidos.



Aquí os dejo unas fotos para que podáis ver el paisaje. Un Whistler la temperatura estaba a pocos grados bajo cero, pero arriba de todo debía estar bastante más frío. Las manos se me congelaban al quitarme los guantes para hacer las fotos.

Naturaleza en estado puro...
Whistler acogíó las Olimpiadas de invierno de 2010
Parking de tablas de snowboard en una de las paradas del teleférico
Los bosques de Whistler a vista de páfaro desde el teleférico

Aunque hacía frío, se necesitaba nieve artificial

Vista del pueblo de Whistler con las montañas al fondo

Esquiadores deslizándose por una de las pistas de Whistler

Empinada subida inicial con el pueblo de Whistler al fondo
El teleférico te eleva hasta un kilómetro de altura
Sobrevolando en medio de la naturaleza de Whistler
Más naturaleza y más altura
Las vistas son impresionantes y rezuman paz y tranqulidad
Más vistas inmensas de naturaleza en estado puro
Una de las góndolas del teleférico
Una vista de los esquiadores y las telesillas
Ver las enormes coníferas tan diminutas, impresiona...
Una de las góndolas permite divisar el paisaje desde el suelo
El bosque visto desde lo alto
El mismo bosque, pero más de cerca
Y seguimos camino del cielo
Árboles y nieve es la tónica de las montañas de Whistler
Esquiadores disfrutando de las vistas de Whistler
Un nuevo parking de tablas de snowboard
Una telesilla con impresionantes vistas al fondo
Columna de telesillas
Vista de una de las pistas con el pueblo de Whistler al fondo
Un parque con pequeñas hogueras para calentarse del frío
Aunque algunos dan un paseo en pantalón corto a -7ªC
La llegada de los esquiadores a Whistler, desde el pueblo 
Aquí los niños empiezan a esquiar desde muy pequeños
Típica estampa en Whistler de jóvenes con tabla de snowboard
Niños jugando sobre un río congelado en Whistler

viernes, 7 de febrero de 2014

Estudiar en un college de Canadá

En Canadá, a diferencia de en Estados Unidos, los colleges no son universidades, sino instituciones educativas que ofrecen programas de educación post-secundaria y que no llegan a tener la categoría de estudios universitarios. Realmente se denominan community colleges y son escuelas técnicas, similares a los FP de España, pero quizás con un mayor prestigio. Muchos de ellos, además de programas más especializados, también ofrecen cursos de inglés para extranjeros, pero en España no son tan conocidos como las escuelas de inglés, que es con las que suelen trabajar la mayoría de las agencias.

Una de las principales diferencias entre un college y una escuela de inglés  es que el college está regulado por el Gobierno. En British Columbia la entidad que se encarga de hacerlo es el PCTIA. Así, todos los programas que imparten tienen que estar debidamente aprobados por la consiguiente consejería de educación y los profesores contar con la formación apropiada para dar las clases. Además, como imparten otro tipo de programas especializados, en los campus también puedes conocer canadienses.

En los colleges puedes encontrar títulos de todo tipo, especializados en áreas muy diferentes. Y muchos de ellos incluyen prácticas profesionales pagadas, lo que te permite conseguir un permiso de trabajo co-op. Y tienes desde cursos de unos pocos meses a cursos de dos o más años.

Algunos college también ofrecen clases de inglés para extranjeros
Lo malo de los colleges suele ser el precio. En Canadá la educación es cara, especialmente para la mente de un español, que está acostumbrado a estudiar gratis en la educación pública o por unos precios muy inferiores a los que te encuentras por aquí. Además, tanto en universidades como en colleges, ya sean públicos o privados, tienen precios diferentes para canadienses y para extranjeros. Y la diferencia es abismal. En las universidades públicas a un extranjero le cuesta un curso hasta cinco veces más que a un canadiense.

Pues bien, hace un mes que he empezado a trabajar en uno. Se trata de un college que ha cambiado de dueños hace algo más de un año y se encuentra en una fase de reestructuración de todos los programas para darle una nueva orientación e incorporar nuevos estudiantes. Y ahí entro yo, para abrir mercado en España y América Latina y para atender a los estudiantes iberoamericanos que se matriculen.

Me está pareciendo una experiencia muy interesante. Ver cómo se diseñan los distintos programas, cómo es todo el proceso, desde la plasmación en un papel de los contenidos, a solicitar las correspondientes autorizaciones al PCTIA o establecer relaciones con nuevos partners. Claro que el idioma sigue siendo un hándicap, pero asistir a las reuniones semanales, y que tengan en cuenta tus aportaciones y sugerencias es muy gratificante. Y por supuesto, en lo que se refiere a los mercados de mi competencia soy el rey, porque aquí nadie más habla español ni portugués, ni conoce nuestra forma de ver las cosas. En fin, muchas cosas que aprender. Y que se hacen todavía más interesantes cuando el equipo está formado por gente de diferentes nacionalidades y con distinto background. Además, las reuniones son una auténtica prueba de fuego para mi listening. :P

Por el momento estoy a media jornada, porque todavía no han empezado todos los curso ni hay ningún estudiante que hable español o portugués, pero con la intención de hacerme full time en cuando esté a pleno rendimiento.

Pues ya sabéis, si estás buscando un curso de inglés en Vancouver o tienes un nivel alto y quieres ver otras opciones como un programa de Hospitality Management o de Desarrollo de Aplicaciones Web para Móviles ya estás tardando en escribirme o en preguntarle a tu agencia por el Cornerstone International Community College of Canada. :P Afortunadamente, como se trata de programas nuevos y el college está abriendo nuevos mercados en estos momentos existen promociones con precios mucho más asequibles.