martes, 2 de julio de 2013

Cosas por las que deberías replantearte lo de venir a Vancouver

Vancouver no es la panacea. No es la solución de todos tus males. Ni te hará sentirte la persona más feliz del mundo. Yo estoy bien. Estoy contento de haber dado este paso. Y me alegro de la decisión que he tomado. Pero tú no eres yo. Y el mundo es muy grande. Es como cuando tu pareja te deja. Hay muchos peces en el mar y muchas flores en el jardín. Pues eso, hay muchos sitios en los que aprender inglés o a los que emigrar.

Así que hoy toca hablar de otros aspectos de Vancouver, que quizás te hagan replantearte si esta es la ciudad elegida para aprender inglés y conocer otro cultura.

Si necesitas estar en contacto con España en todo momento, Vancouver no es tu ciudad. Aquí son 9 horas menos, lo que significa que cuando tú estés disponible, en Europa estarán durmiendo. Al principio no habrá problema, recibirás mensajes continuamente, incluso de gente de la que hacía tiempo que no sabías nada. Las redes sociales se encargarán de informarles de que te has ido. Mucho ánimo, mucho apoyo y “eres un valiente”. Tus amigos y tu familia estarán ahí, atentos a cada paso que vas dando…

Pero en unas semanas se olvidarán de ti o te enviarán mensajes mientras estás en la escuela, por la mañana, y cuando salgas ellos ya estarán en cama, así que las conversaciones se limitarán a un ¿sigues vivo? ¿hay alguien por ahí? O menos mal que sé que estás bien porque has actualizado el Facebook… En fin, que si necesitas contarle a tu amiga del alma que te has comprado un vestido amarillo o necesitas urgentemente que tu mami te diga cómo hacer una paella, piénsatelo dos veces antes de venir a Vancouver…

La comida asiática no siempre tiene esta buena pinta

Si eres más de vida nocturna que de diurna, en Vancouver te morirás de asco. Sí, aquí hay discotecas y pubs. Puedes beber cerveza o una copa e ir a bailar. Pero cualquier cosa parecida a lo que hay en tu pueblo es pura casualidad. Es boring, muy boring. Los vancouveritas lo saben y por eso ya no salen. Y si lo hacen se van a Seattle, que es donde he encontrado una vida nocturna decente e interesante. ¿A qué me refiero con que la night life es caca? La música es mala a rabiar. No he encontrado un sitio que me guste. O suena a música disco old fashion o música comercial sin ningún atractivo. Bueno, lo importante es la gente, diréis. ¿Qué gente? Haces cola en una discoteca pagas la entrada y cuando entras está vacía ¿pero qué sentido tienen aquí las colas? Si preguntas a un local te dirá que es porque tienen un aforo máximo, como si en España nos metieran a presión (bueno, a veces)… ¿pero cuál es ese aforo? Una persona por cada 6 metros cuadrados?

Acabo de llegar de Seattle y por eso me atrevo a decir esto. Antes pensaba que iba mayor, que ya no estaba hecho para la noche, pero no. En Seattle es diferente. Tiene una cultura underground de la que carece Vancouver, donde los pocos que salen se mantienen estáticos y si se mueven rozan el chonismo típico de esos días en los que se celebran las fiestas de empresa y tienen su momento de gloria los que no salen habitualmente. En definitiva, si buscas marcha nocturna, quédate en tu pueblo o busca otra ciudad.

Si no eres open-minded, no te gusta lo diferente y espera seguir haciendo tu vida como en España, búscate algo más afín. Vanvouver está en Canadá, eso es cierto, pero culturalmente está más allá. Y cuando digo más allá, me refiero a mucho más al este. Sí, al este, aunque en el mapa aparezca al oeste. Dicen que ya más de la mitad de la población es de origen asiático. Y eso se nota en muchas más cosas que en los ojos rasgados. Los vancouveritas han convertido en propias la cocinas asiáticas. Dicen que aquí encuentras el mejor sushi después del de Japón.

Tanto si eliges homestay como compartir piso lo más probable es que acabes conviviendo con algún asiático. Y la cocina te olerá distinto, te lo aseguro. El supermercado estará repleto de productos que no sabrás ni para qué sirven… Como lo podría decir de una forma que entendáis y que no suene mal. La cultura de la limpieza, también es muy diferente. Por algo las chachas españolas, y especialmente las gallegas, se hicieron famosas allá adonde emigraron. ¿Alguien me puede explicar qué hacen toallas húmedas en la zona de las verduras de la nevera?

A veces parece que alguien le ha robado los colores a la ciudad

Si te sientan mal los cambios de tiempo, no vengas a Vancouver. No es que en Vancouver necesites llevar un paraguas siempre en la mochila, o que a veces el cielo permanezca tan gris que parece que alguien le robó el color al mundo. Para mí lo peor es que las predicciones meteorológicas aquí no funcionan. Puedes salir un día por la mañana lloviendo, y por la tarde hace día de playa, o a la inversa. Si en el tiempo dicen que el fin de semana hará bueno, no te fíes. El viernes podrían cambiar las previsiones radicalmente y tendrás que cancelar el picnic.

Más que llover mucho en cantidad, lo que pasa es que comienza y termina de llover continuamente. Más parecido a lo que en Galicia llamamos orballo, una lluvia fina, que a lluvia fuerte, pero hay que estar preparado para estos cambios de tiempo.

Vancouver no es ciudad para fumadores. De tabaco, quiero decir. Yo no fumo y contento que estoy, pero seguro que a muchos no les hará mucha gracia. No puedes fumar en playas, parques, ni terrazas de cafeterías. Si lo haces en la calle tendrás que estar alejado de puertas y ventanas abiertas. Incluso en algunos edificios está completamente prohibido fumar. Y no me refiero exclusivamente a las zonas comunes. Eso sí, el olor a porro lo encuentras por todas partes. La marihuana todavía no es legal, pero hay un movimiento muy fuerte para legalizarla. En la vecina Seattle, ya lo es.

Imagen tomada en el centro de Vancouver

Y  después, para terminar, está la vergüenza de Vancouver. Vancouver es una ciudad bonita, moderna, con una calidad de vida envidiable. Por eso me parece una vergüenza la cantidad de homeless que hay por las calles. Ves gente extraña pidiendo en un estado deplorable. A veces son casi niñas adolescentes. Otras veces personas que parece que tienen algún problema mental. Otros son toxicómanos. No se meten con nadie. La gente pasa indiferente a su lado. Ellos solo piden alguna ayuda con un pequeño mensaje escrito en un cartón, buscan en las basuras para ver si hay algo de comida y recogen latas y botellas, porque aquí si las devuelves a la tienda consigues algo de dinero.

Pero lo peor de todo es la explicación que te dan, si preguntas a qué se debe esto. Una es muy lógica. Vancouver es la única ciudad de Canadá donde un mendigo puede sobrevivir en invierno sin tener un techo. La segunda es que hace años cerraron el único psiquiátrico que había y no hay ningún lugar donde acoger a personas con problemas mentales. La tercera está llena de controversia. Aquí los drogadictos no son peligrosos porque, por lo que he entendido, el propio gobierno les proporciona la droga que necesitan. Sí, droga y no metadona. Pero eso es lo que he entendido. Igual me he perdido en la traducción. Tengo que investigar más sobre el tema.

Si ahora piensas que Vancouver es una ciudad horrible, igual deberías leer también COSAS POR LAS QUE MERECE LA PENA VENIR A VANCOUVER.

sábado, 22 de junio de 2013

El coste de la vida en Vancouver y la regla del 4/3

Cuando uno empieza a leer sobre el coste de la vida en Vancouver se queda con la idea de que es muy caro. Y, efectivamente, barato no es. Estamos hablando de un país con un nivel de vida mayor al de España. La gente gana mucho más dinero.

En cualquier caso, yo creo que para un europeo esa percepción está amplificada. Hay que tener en cuenta que un dólar canadiense no es ni mucho menos un euro y a la hora de percibir el valor de las cosas tendemos a compararlos como si valieran lo mismo. En estos momentos un euro ronda los 1,35 dólares, céntimo arriba, céntimo abajo.

En Canadá se utiliza mucho más la tarjeta que en España

Comparar Vancouver con Vigo sería ridículo, pero ¿es Vancouver más caro que Madrid o Barcelona? Sí, lo es. Pero tampoco tanto. En términos generales es un poco más caro, pero no creo que mucho más. Aquí tenéis una web donde se compara el nivel de vida entre dos ciudades.

Y la diferencia retributiva es abismal. El sueldo medio canadiense casi duplica el español. Según un informe difundido por Adecco el pasado mes de mayo, en España el salario bruto medio es de 1.639 euros al mes. Vamos, una caca. El salario medio canadiense, según datos oficiales del Gobierno, es de 24,08$ la hora. Esta retribución, calculada para 40 horas semanales, que es lo que curramos normalmente los españolitos, supone un salario medio mensual de 4.143 dólares, unos 3.024 euros, casi el doble que el español.

Pero ¿cómo calcular fácilmente el precio de cualquier cosa en euros? He estado haciendo una tabla de Excel y me acabo de inventar la regla del 4/3, por la que a grosso modo podemos decir que 4 dólares son aproximadamente 3 euros. Así tendríamos:

From Vigo to Vancouver (4/3)
dólares
4$
8$
20$
40$
120$
200$
400$
euros
3€
6€
15€
30€
  90€
150€
300€

¿Cuánto cuestan entonces las cosas en Canadá? Por el momento estoy viviendo en homestay, por lo que el precio de la comida no lo controlo mucho. Quizás alguien que ya esté viviendo por su cuenta aquí pueda aportar algo más, pero aquí os dejo una tabla con algunos precios estimativos. La tercera columna muestra el precio aproximado en euros por la regla 4/3. Como veis, no difiere mucho de la conversión exacta.

$$$
€€€
€ (4/3) 
cappuccino
3,40
2,48
             2,55 

cerveza pub
6,50
4,75
             4,88 

habitación West End
650
474,50
487,50 

menú japonés
7
5,11
   5,25 

corte de pelo
22,40
16,35
           16,80 

gin tonic
   7
5,11
 5,25

bono transp. 1 zona
91
66,43
           68,25 

homestay
750
547,50
562,50 

salario medio
4.143
3.024,39
     3.107,25 

Los precios son estimativos. Por supuesto, puedan variar mucho en función del sitio. También, los tamaños de los productos difieren a los de España. El cappuccino es tamaño vaso. La cerveza es una pinta en vez de una caña. Y las copas son la mitad y ligeritas de alcohol. Tan solo es para que os hagáis una idea y veáis que si convertimos el valor a euros la cantidad no asusta tanto. [Actualizado 24/06/2013]

Lo que sí que hay que tener en cuenta, cuando vayas a comprar algo es que aquí el precio de las etiquetas no incluye los impuestos, por lo que  habrá que sumarle un 12% más de tasas en Vancouver (cada provincia tiene sus propios impuestos y difieren). Además, está el tema de las propinas, alrededor de un 10% más en restaurantes, bares y discotecas.

miércoles, 19 de junio de 2013

Cambios, novedades, muchas cosas que contar y poco tiempo

Por fin tengo el permiso de trabajo. Tal y como había leído en la web de Inmigración me tardó solo un mes (ver 'Solicitar el visado canadiense on line'). Me enviaron primero un correo electrónico para informarme de que había sido aprobado y unos días después lo recibí por correo postal.

No tengo que ir a la frontera a activarlo como sucede con la working holiday visa o el permiso de estudios. No es ninguna carta de aceptación. Es el permiso tal cual. Es lo más lógico, ya que estoy dentro del país con visado de estudios. La buena noticia es que me permite trabajar hasta julio del año que viene. Tres meses más de lo que esperaba. Es lo que tiene salir bien las fotos. :P

Viviendo en West End ya no tendré escusa para no ir a correr
En cualquier caso, por el momento voy a seguir centrándome en lo que ya ando: clases de inglés de 9.00 a 15.40 horas, clases privadas de español ya casi todas las tardes, terminar un curso de marketing on line que estoy haciendo por internet y seguir con el blog.

Ya tengo habitación para vivir en downtown. En julio me mudaré de forma provisional a West End, a 50 metros del lago de Stanley Park, un parque inmenso en el centro de la ciudad al estilo del Central Park de Nueva York pero rodeado de mar. 

Mis futuros vecinos ya se acercan a presentarse
Compartiré un apartamento de una habitación con un chico filipino. Yo tendré la habitación y él la sala, que comunica con una cocina minúscula, ya que aquí son americanas, lógicamente, claro. :P Así que un biombo le dará un poco de intimidad al chaval. Parece buen tipo. Es  muy joven y se pasa todo el día currando como cocinero en un restaurante. En un principio me pedía 700 dólares pero le debí gustar porque cuando me enseñó el piso me lo rebajó a 650 (unos 500 euros). Es el precio habitual que piden por habitación en esta zona, que es la más económica de downtown, ya que está más apartada y los edificios son más viejos. Incluye todos los gastos, incluido internet, claro. Prometo hablar más adelante en otro post sobre mi experiencia buscando habitación.

Este alojamiento es provisional. En agosto me iré a vivir con una pareja a un apartamento de dos dormitorios. Aquí sí que ya podré disfrutar de sala y comedor. Me cuesta solo 525 dólares (unos 400 euros) en pleno West End, también cerca del parque y de la playa, por lo que me merece la pena esperar por él. La pareja es amiga de la familia con la que estoy ahora. Los conocí en una cena, así que me ofrecen confianza.

English Bay, la playa del West End,
Además, uno de ellos es fisioterapeuta, lo que viene bien tener a mano. Ya le pondré cara de pena cuando me duela la espalda, porque aquí una sesión ronda los 70-90 dólares. El apartamento está muy limpio, ordenado y bien decorado. Vamos, como podría ser un piso en España. Aunque la habitación no es muy grande.

Con mi aterrizaje en West End ya no tendré disculpa para no ir a correr y  tendré que hacerme con una bicicleta y dejar de pagar el bono mensual de transporte.

Un puesto en la celebración del 'Día sin coches', en West End
Precisamente, el domingo pasado celebraron en varias zonas el día sin coches. También en West End. Una calle se cerró al tráfico y se llenó de stands, aunque nada que ver con lo que podría ser en Galicia una celebración en la calle, y me imagino en el resto de España. No food. No drinks. Tan solo algún restaurante sacó mesas a la calle de los muchos que hay en la zona.

Cartel de la Pet Parade
Los puestos eran fundamentalmente de asociaciones y se centraban en informar y concienciar a la gente sobre diferentes temas sociales  y medioambientales, desde asociaciones que buscan despenalizar el consumo de cánnabis, hasta otra que promueve una carrera en ropa interior para recaudar fondos para la lucha contra el cáncer (informando en paños menores, claro), pasando por información sobre un desfile de mascotas, temas de concienciación medioambiental,  información sobre enfermedades de transmisión sexual o sobre la discriminación en el mundo por razones de sexo o de orientación sexual. 

Cartel de los pro cannabis
También los partidos políticos tuvieron cabida, con stands en los que los representantes del barrio en el municipio hacían campaña y respondían a las preguntas de los ciudadanos. Le idea de asociaciones y partidos es salir a la calle para estar en contacto con los vecinos y explicar sus propuestas.

Un representante político del barrio habla con los vecinos
También hubo algunas actividades más lúdicas como un ajedrez gigante, algunas actividades para niños y un grupo de música tocando en plena carretera. Tampoco nada que ver con nuestras orquestas, siempre enfundadas en sus trajes de gala y encima de un escenario…  Todo mucho más simple. Eso sí, la música sonaba bastante bien.

Orquesta al estilo canadiense, que casi parece improvisada
Y más novedades. A finales de mes cruzo la frontera y me voy tres días a Seattle. Me escapo con un amigo en bus (www.boltbus.com). Son unas tres horas de trayecto y el billete de ida y vuelta nos ha costado 30 dólares, tan solo unos 23 euros a cada uno. Como mi amigo es un fan del couchsourfing intentaremos que algún americano nos acoja en su casa, así por la cara bonita... A ver qué pasa...

Por 23€ tienes un viaje de ida y vuelta a Seattle en autobús

jueves, 13 de junio de 2013

Cosas por las que merece la pena venir a Vancouver

Antes de llegar a Vancouver hablé con varias personas que ya estaban aquí. Una de ellas, al preguntarle si estaba contenta, me contestó: “de lo que me arrepiento es de no haberme venido antes”. Aquí os dejo varias cosas por las que yo creo que merece la pena venir a Vancouver. Pero cada persona es mundo y cada situación es distinta, así que tomadlo simplemente como una opinión subjetiva, que es lo que es.

Un escaparate en el centro de Vancouver donde queda bien claro, ¿no?

1. Dejarás de escuchar hablar de la crisis: Aquí no tienen ni idea de lo que está sucediendo en Europa. Bueno, sí, de algo les suena. Algo han leído en los periódicos. Un día en clase un profesor me preguntó algo sobre España y yo hice una aclaración, “bueno, ahora con la crisis…” y él exclamó “¡Qué crisis!”. Después reculó y dijo “¡ah! ¡la financiera!”. Para que os hagáis una idea.

2. La seguridad: Irte a un país que no conoces y en el que estás solo te hace extremar las precauciones. ¿Y si me roban el pasaporte? ¿y se mi quitan las tarjetas? ¿y si desaparecen todas mis pertenencias? De hecho, eso era lo que más me preocupaba al principio. En la casa en la que vivo no hay pestillos, ni en las habitaciones, ni en los baños, ni en nada. La puerta de atrás permanece abierta siempre que hay gente en casa, y seguramente que muchas veces que no hay nadie también, porque ni nos enteramos. Para entrar en el jardín no hay ninguna medida de seguridad. La puerta se abre tirando de un simple cordón. “¿Y esto es seguro?”, le pregunté a uno de los propietarios de la casa nada más llegar, sabiendo que en mi habitación estaba todo lo que yo tengo en Canadá. “¿A qué te refieres?”, me contestó.

Robson Square es un ejemplo de naturaleza en el corazón de la ciudad

3. La confianza: Cuando estoy en sitios que no conozco soy de por sí desconfiado, por lo menos muy prudente. Y es que un extranjero siempre suele ser carne de cañón en cualquier país, especialmente cuando no domina el idioma. Pero rápidamente me pude relajar al ver que aquí, a diferencia de otros sitios, la gente no te intenta timar continuamente. Todo lo contrario. Me han devuelto monedas que he dado de más. Los vendedores siempre me han intentado ayudar y me han aconsejado la mejor opción calidad/precio. Pongo por ejemplo, el móvil. Iba a tiro fijo a por otros que me habían recomendado, pero la dependienta me decía que para gastar ese dinero que me llevase otro, que era mejor y más barato. Fue hacer una llamada al experto y, sin duda, la mejor opción.

Niños jugando en una fuente en pleno downtown

4. La amabilidad: Si quieres hacer amigos, sácate un plano del bolsillo y ponte a mirar para un lado y para otro. A ver cuánto tiempo pasa sin que nadie te pregunte si te puede ayudar en algo.

5. La tolerancia y el nivel cultural: Aquí a la gente le gusta viajar al extranjero y, a pesar de hablar inglés, tienen cierto interés por los idiomas. No son pocas las personas que me dicen que tienen ganas de aprender español y, de hecho, sin buscar mucho ya tengo tres estudiantes fijos.

Autobuses eléctricos en un país que tiene reservas de petróleo

Vancouver es una ciudad hecha por inmigrantes. Y es que cualquiera con nacionalidad canadiense en segunda o tercera generación tiene antepasados europeos o asiáticos. La cultura asiática está muy presente, fundamentalmente en la comida. Pero yo no he detectado grandes problemas de integración como puede haber en Europa o en Estados Unidos. Todo lo contrario, se ven muchísimas parejas mixtas blanco-asiáticas.

Por otro lado, la bandera de colorines ondea por todas partes en Vancouver. La comunidad gay cuenta con un barrio propio, que se anuncia ya con la bandera multicolor y en ella comercios de cualquier tipo la incluyen en sus escaparates. Pero esta bandera, también símbolo de la paz, la encuentras por todas partes. Cualquier comercio la utiliza de reclamo para atraer clientes. En mi propio pueblo, a unos 30 kilómetros de la ciudad, en New Westminster, encuentras restaurantes, peluquerías o gimnasios con bandera de colorinchos.


¿China o Canadá? Una tienda en Chinatown 

6. El inglés americano: En Vancouver se habla un inglés muy comprensible para nosotros. Mi nivel de inglés no es tal como para distinguir acentos, pero o mucho he mejorado yo o este es muy nítido. No tiene ni los acentos marcados de las ciudades de Reino Unidos ni el excesivo slang de Estados Unidos. Y no hablar del acento australiano, que yo no conozco, pero que todo el mundo dice que es incomprensible.

A todo esto se suma que los canadienses tienen paciencia, que te habla despacio, y que no les importa perder unos minutos de su tiempo para poder entenderte.

¿Playa o campo? En Beach Bay puedes elegir lo que prefieras

7. La combinación de ciudad y naturaleza: Vancouver no es una ciudad excesivamente grande, pero sí que es una gran ciudad. No obstante, el ruido no es excesivo ni si respira estrés. Existen zonas en los que parece que la naturaleza invade el asfalto. Stanley Park es un gran bosque dentro de la ciudad. Hay varias playas urbanas y el mar rodea todo downtown. Además, a pocos minutos en transporte urbano tienes senderos para hacer excursiones y ejercicio al aire libre. Fácilmente puedes encontrarte con mapaches, mofetas o focas. O sentir de cerca los osos.

8. La cultura del reciclaje: Aquí todo se recicla. Y no me refiero al vidrio o al papel, sino literalmente a todo. He visto una televisión enorme en un jardín con un cartel que ponía “Es gratis y funciona”. La gente coloca en las aceras o jardines los muebles, adornos, plantas, o cualquier cosa de la que se quiere deshacer y otros los cogerán. También está la venta de productos de segunda mano a través de la web de Craiglist. Mi habitación creo que es un ejemplo de ese afán por el reciclaje.

Una furgo reciclada como puesto de hamburguesas

9. La convivencia de la modernidad con lo tradicional: No penséis que los vancuveritas se vuelven locos por la modernidad. ¡Qué va! Muchas veces no se complican y van a lo sencillo. Por ejemplo, si quieres decirle al conductor de un autobús que pare tienes que tirar de un cordón que recorre todo el autobús. Otro ejemplo es la postal que me enviaron escrita a mano para confirmar que efectivamente esa era mi dirección.

El cordón amarillo de las ventanas sirve para solicitar parada

10. Y algo que en España parece una utopía: Hay trabajo. La mayoría de los estudiantes que he conocido con permiso de trabajo  trabajan en la hostelería. El paro ronda el 6% y el salario mínimo aquí es de 10,25$ (7,90€) la hora, propinas aparte, que aquí son sustanciosas. En establecimientos que venden alcohol el salario mínimo son 9$, aunque las propinas suelen ser mayores.

Pero antes de que te lances y compres un vuelo, deberías leer COSAS POR LAS QUE DEBERÍAS REPLANTEARTE LO DE VENIR A VANCOUVER. [Actualizado 2/7/2013]

viernes, 7 de junio de 2013

Marcharse no es irse de vacaciones

Marcharse no es irse de vacaciones. De eso ya me di cuenta el primer día. El día que cogí el avión y me tuve que despedir de mis personas más cercanas. Pensaba que sería más fácil, pero no pude. Mi boca se contuvo, mi garganta me oprimía y mis ojos empezaron a brillar. No pude. Fui incapaz de articular palabra. Un fuerte abrazo. Un adiós. Y poco más. Y me dio rabia que fuese así.

Y mirad que yo soy una persona acostumbrada a viajar. Incluso solo. Independiente. Y no especialmente apegado a los míos. Pero este atasco emocional me cogió por sorpresa. A veces soy duro, demasiado duro. Y pensaba que esta situación también la tendría controlada, pero no. El vuelo a Londres fue difícil.

Manuel Ferro retrató la emigración gallega de hace 60 años

Supongo que no soy un bicho tan raro y este sentimiento de pérdida, de fin de un ciclo y comienzo de otro, de soledad, de no saber qué pasará y de pensar que dejas atrás y lejos a tus seres queridos, toda tu vida, será bastante frecuente entre las personas que no nos vamos de viaje, sino que nos marchamos de nuestro país, por lo menos durante un tiempo largo.

Quiero pensar que sí, que es normal. Recuerdo leer en un foro el comentario de una chica, desesperada, porque tenía el vuelo al día siguiente y no se quería ir. E incluso a pesar de que al otro lado le estaba esperando su novio. Y la gente le respondía intentando tranquilizarla. Diciéndole que ese sentimiento era normal. Yo me quedé con la copla durante el vuelo.

Y aún encima al llegar a Londres, cargado como un burro con las dos maletas y el portátil, me lío como un paleto con un ascensor del metro (mejor no lo cuento). Después no encuentro la parada del bus de Easybus, que me debería llevar al aeropuerto de Gatwick (buscaba una estación como dios manda con un gran letrero, y al final era una mísera parada de bus urbano…). Y la gente a la que le preguntaba, o eran de fuera y no tenían ni idea, o eran londinenses con su característica, y muy suya, amabilidad de “búscate la vida”

Abajo a la izquierda, la única indicación del Easybus

Después, aún encima, tuve que pagar otro billete para una de mis maletas. Este me costó 10 libras, cuando el que había reservado por internet solo había costado 2. Por lo visto únicamente se me permitía una maleta y el ordenador. Se ve que de alguna forma tienen que sacar el dinero.

Llegar al “hotel cápsula” y poder contactar con los míos me relajó.  Lo que tengo claro es que yo, esté donde esté, necesito mi espacio. Un lugar donde encontrarme cómodo y seguro, aunque sea una cápsula de poco más de 4 metros cuadrados. Lo de ir con la casa a cuestas no me gusta.

Con la televisión en la cama, tal cual, en mi camarote en Yotel

La experiencia en Yotel me encantó.  Me pareció un hotel muy práctico. Cama grande con televisión de plasma a los pies. El baño, váter incluido, solo separado por la mampara de la ducha. Igual muy poca intimidad si es para dos personas. Una mesa plegada a una pared, que puedes extender sobre el diminuto pasillo, y una banqueta también plegable colgada de la puerta. Este alojamiento, además de en Gatwick, lo tenéis, por si lo necesitáis, en el aeropuerto de Heatrow, en el de Amsterdam y en el de Nueva York. En España a sufrir durmiendo en el suelo de los aeropuertos.

A la mañana te levantas y ya estás al lado de la terminal de salidas. Además, en la web también te ofrece la posibilidad de coger menos horas a un precio más barato. Yo pillé la noche entera por Booking y me salió por 50 euros.

Foto hecha desde la cama. Como veis el espacio es muy limitado

Pues eso, a lo que iba, que marcharse no es irse de vacaciones, que es duro empezar en un nuevo país. El idioma lo complica, por supuesto. También que las cosas se hagan de otra manera. Sé que insisto mucho en el tema, pero es que lo veo así. No es España. No es Europa. Así que lo mejor es observar, preguntar y adaptarse. Y después porque estás solo. Porque tienes que empezar de nuevo. Y cada día que pasa es un reto. Y cada persona que vas conociendo, cada paso que vas dando, un pequeño triunfo

Hay que reinventarse y seguir...

martes, 4 de junio de 2013

Primer contacto con la naturaleza: el Lynn Canyon Park

Si habéis mirado alguna guía o información turística sobre Vancouver, seguramente habréis visto una foto como esta:

Aquí se observa el tamaño del puente de Lynn

Pero no, no es la misma. No es el famoso y caro puente colgante de Capilano, el más largo (140 m) y alto (70 m) del mundo. Ir a él cuesta unos 30$CAD, según la Lonely Planet. Este es el del Lynn Canyon Park, la alternativa gratuita y menos turística. Aquí la altura es de 50 metros, que ya le llega para los que padecemos vértigo como yo. Porque el puente se mueve, claro.

Algunos se equipan con casco y cámara incorporada

Este parque frondoso, al igual que el de Capilano, está en North Vancouver, un municipio independiente separado de Vancouver por el mar. El medio de comunicación más habitual entre ambas orillas es el Seabus, un ferry similar al que cruza la ría de Vigo para comunicar la ciudad con Cangas. Forma parte del sistema de transporte metropolitano de Vancouver, así que está incluido en el bono mensual y no tuve que pagar nada. Una vez que llegas a la otra orilla, tienes una estación de autobuses, y uno de ellos te lleva directamente al parque.

Interior del seabus que conecta Vancouver con Nort Vancouver

El parque no es muy grande. Con una mañana o una tarde es suficiente. Pero en él ya se aprecia la fuerza de la naturaleza en Canadá a muy pocos kilómetros de la gran ciudad. Por cierto, el agua del río está congelada. Ya os podéis imaginar. Río arriba todavía se están las cimas nevadas de las montañas. Aquí tenéis unas imágenes para que os hagáis una idea de la naturaleza de Canadá en estado puro.








Y aquí una foto desde el puente, alargando el brazo con la cámara, porque yo no me asomo ni de broma.

Vista desde el puente de Lynn Canyon Park

Estamos en zona de osos y para no atraerlos los contenedores de basura están preparados de forma que no puedan hurgar en ellos. Para abrirlo es necesario meter la mano en esa rendija que veis y pulsar un botón que hay en el fondo. Debe de ser que los osos se las ingenian bastante bien para conseguir lo que quieren.

Un contenedor de basura a prueba de osos

Y de nuevo, en el barco, esta es la vista de Vancouver desde el mar un día nublado.



domingo, 2 de junio de 2013

¡Eres más rico de lo que piensas!

Esta semana he recibido mi primera carta en Canadá. Bueno, la segunda. La primera fue la factura del teléfono. Mi banco me ha deleitado con esta postal:

Buenísimo el lema de Scotiabank ¡Ya por eso hay que ser cliente! :P

Además del agradecimiento, el lema me parece genial: “Eres más rico de lo que piensas”. Los canadienses son amables y atentos por lo general. Y los bancos canadienses no se podían quedar atrás.

Pero esta postal también cumple otro objetivo. El de confirmar que la dirección que les di el día que me hice cliente es correcta. Después tienes que devolverla a la oficina y de esta forma ya empiezan a tramitarte la tarjeta de crédito. Como veis, en Canadá no se complican mucho y a veces recurren a procesos muy simples, pero efectivos, sin necesidad de utilizar grandes tecnologías.

Os muestro el interior de la postal. Sería muy extraño recibir en España una carta de tu banco escrita a mano, ¿no?

El tachón es de elaboración propia, pero el texto a mano tal cual

El día que fui a llevar la postal aproveché para hacer mi primer ingreso. Como comentaba en el post Contratar una cuenta bancaria al estilo canadiense, retiro el dinero en un cajero con la tarjeta de EVO, que no me cobra nada, y así me ahorro los 15CAD que cobran en Scotiabank por recibir transferencias internacionales. En el mostrador donde haces el ingreso, para identificarte te piden que introduzcas tu tarjeta de débito en un TPV. Marcas tu contraseña y ya te tienen fichado. No me pidieron otro tipo de identificación. Después te dan un recibo similar al ticket de una compra.

En la oficina de Burrord, el centro financiero de Vancouver, hay un mostrador de información cerca de la entrada. Una señora muy atenta te da la bienvenida aunque pases de largo, como ha sido mi caso. A la vuelta, te agradece la visita y te desea un buen día de una forma muy efusiva. Voy a tener que volver a menudo, que parece que a la señora le ha hecho mucha ilusión la visita.

Todo esto a una cierta distancia, por lo que me sorprendió gratamente. ¿Amabilidad canadiense o a ver si va a ser cierto que, efectivamente, “soy más rico de lo que pienso"?