Antes de llegar a Vancouver hablé con varias personas que ya
estaban aquí. Una de ellas, al preguntarle si estaba contenta, me contestó: “de
lo que me arrepiento es de no haberme venido antes”. Aquí os dejo varias cosas
por las que yo creo que merece la pena venir a Vancouver. Pero cada persona es
mundo y cada situación es distinta, así que tomadlo simplemente como una opinión subjetiva, que es lo que es.
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| Un escaparate en el centro de Vancouver donde queda bien claro, ¿no? |
1. Dejarás de escuchar
hablar de la crisis: Aquí no tienen ni idea de lo que está sucediendo en
Europa. Bueno, sí, de algo les suena. Algo han leído en los periódicos. Un día
en clase un profesor me preguntó algo sobre España y yo hice una aclaración,
“bueno, ahora con la crisis…” y él exclamó
“¡Qué crisis!”. Después reculó y dijo “¡ah! ¡la financiera!”. Para que os
hagáis una idea.
2. La seguridad:
Irte a un país que no conoces y en el que estás solo te hace extremar las
precauciones. ¿Y si me roban el pasaporte? ¿y se mi quitan las tarjetas? ¿y si
desaparecen todas mis pertenencias? De hecho, eso era lo que más me preocupaba
al principio. En la casa en la que vivo
no hay pestillos, ni en las habitaciones, ni en los baños, ni en nada. La
puerta de atrás permanece abierta siempre que hay gente en casa, y seguramente
que muchas veces que no hay nadie también, porque ni nos enteramos. Para entrar
en el jardín no hay ninguna medida de
seguridad. La puerta se abre tirando de un simple cordón. “¿Y esto es
seguro?”, le pregunté a uno de los propietarios de la casa nada más llegar,
sabiendo que en mi habitación estaba todo lo que yo tengo en Canadá. “¿A qué te
refieres?”, me contestó.
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| Robson Square es un ejemplo de naturaleza en el corazón de la ciudad |
3. La confianza:
Cuando estoy en sitios que no conozco soy de por sí desconfiado, por lo menos
muy prudente. Y es que un extranjero siempre suele ser carne de cañón en
cualquier país, especialmente cuando no domina el idioma. Pero rápidamente me
pude relajar al ver que aquí, a diferencia de otros sitios, la gente no te intenta timar continuamente.
Todo lo contrario. Me han devuelto monedas que he dado de más. Los vendedores
siempre me han intentado ayudar y me han aconsejado la mejor opción
calidad/precio. Pongo por ejemplo, el móvil. Iba a tiro fijo a por otros
que me habían recomendado, pero la dependienta me decía que para gastar ese
dinero que me llevase otro, que era mejor y más barato. Fue hacer una llamada
al experto y, sin duda, la mejor opción.
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| Niños jugando en una fuente en pleno downtown |
4. La amabilidad: Si
quieres hacer amigos, sácate un plano
del bolsillo y ponte a mirar para un lado y para otro. A ver cuánto tiempo pasa sin que nadie te
pregunte si te puede ayudar en algo.
5. La tolerancia y el nivel cultural: Aquí a la gente le gusta viajar al extranjero y, a pesar de hablar inglés, tienen cierto interés por los idiomas. No son pocas las personas que me dicen que tienen ganas de aprender español y, de hecho, sin buscar mucho ya tengo tres estudiantes fijos.
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| Autobuses eléctricos en un país que tiene reservas de petróleo |
Vancouver
es una ciudad hecha por inmigrantes. Y es que cualquiera con nacionalidad
canadiense en segunda o tercera generación tiene antepasados europeos o
asiáticos. La cultura asiática está muy presente, fundamentalmente en la
comida. Pero yo no he detectado grandes problemas de integración como puede
haber en Europa o en Estados Unidos. Todo lo contrario, se ven muchísimas parejas mixtas blanco-asiáticas.
Por otro lado, la bandera de colorines ondea por todas partes en Vancouver. La comunidad gay cuenta con un barrio propio, que se anuncia ya con la bandera multicolor y en ella comercios de cualquier tipo la incluyen en sus escaparates. Pero esta bandera, también símbolo de la paz, la encuentras por todas partes. Cualquier comercio la utiliza de reclamo para atraer clientes. En mi propio pueblo, a unos 30 kilómetros de la ciudad, en New Westminster, encuentras restaurantes, peluquerías o gimnasios con bandera de colorinchos.
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| ¿China o Canadá? Una tienda en Chinatown |
6. El inglés americano:
En Vancouver se habla un inglés muy
comprensible para nosotros. Mi nivel de inglés no es tal como para
distinguir acentos, pero o mucho he mejorado yo o este es muy nítido. No tiene ni los acentos marcados de las ciudades de
Reino Unidos ni el excesivo slang de
Estados Unidos. Y no hablar del acento australiano, que yo no conozco, pero
que todo el mundo dice que es incomprensible.
A todo esto se suma que los
canadienses tienen paciencia, que te habla despacio, y que no les importa perder unos minutos de su
tiempo para poder entenderte.
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| ¿Playa o campo? En Beach Bay puedes elegir lo que prefieras |
7. La combinación de
ciudad y naturaleza: Vancouver no es una ciudad excesivamente grande, pero
sí que es una gran ciudad. No obstante, el ruido no es excesivo ni si respira
estrés. Existen zonas en los que parece
que la naturaleza invade el asfalto. Stanley Park es un gran bosque dentro
de la ciudad. Hay varias playas urbanas y el mar rodea todo downtown. Además, a
pocos minutos en transporte urbano tienes senderos para hacer excursiones y
ejercicio al aire libre. Fácilmente
puedes encontrarte con mapaches, mofetas o focas. O sentir de cerca los osos.
8. La cultura del
reciclaje: Aquí todo se recicla. Y no me refiero al vidrio o al papel, sino
literalmente a todo. He visto una televisión enorme en un jardín con un cartel
que ponía “Es gratis y funciona”. La
gente coloca en las aceras o jardines los muebles, adornos, plantas, o
cualquier cosa de la que se quiere deshacer y otros los cogerán. También
está la venta de productos de segunda mano a través de la web de Craiglist. Mi
habitación creo que es un ejemplo de ese afán por el reciclaje.
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| Una furgo reciclada como puesto de hamburguesas |
9. La convivencia de la
modernidad con lo tradicional: No penséis que los vancuveritas se vuelven
locos por la modernidad. ¡Qué va! Muchas veces no se complican y van a lo
sencillo. Por ejemplo, si quieres decirle al conductor de un autobús que pare
tienes que tirar de un cordón que recorre todo el autobús. Otro ejemplo es la
postal que me enviaron escrita a mano para confirmar que efectivamente esa era
mi dirección.
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| El cordón amarillo de las ventanas sirve para solicitar parada |
10. Y algo que en España
parece una utopía: Hay trabajo. La mayoría de los estudiantes que he conocido con permiso de trabajo trabajan en la hostelería. El paro ronda el 6% y el salario mínimo aquí es de 10,25$ (7,90€) la
hora, propinas aparte, que aquí son sustanciosas. En establecimientos que venden alcohol el salario mínimo son 9$, aunque las propinas suelen ser mayores.