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domingo, 3 de noviembre de 2013

Bordeando en bici Stanley Park

Vancouver es definitivamente una ciudad para disfrutar durante el día con actividades al aire libre. Outdoors le llaman aquí. Ya sea corriendo, paseando, en bicicletas, en patines o en monopatín. Tienes kilómetros y kilómetros de paseo al lado del mar, debidamente señalizados y con carriles para peatones y para bicicletas y patines.

Desde luego las vistas y el entorno son muy motivadores para lanzarse a hacer ejercicio. He estrenado la bicicleta que me han regalado y di la vuelta a todo Stanley Park por primera vez. Es el parque urbano más grande de Canadá y uno de los más grandes de Norteamérica, con sus 405 ha. Bordearlo deben de ser unos 10 kilómetros. Está en un extremo de la península que conforma el downtown de Vancouver, así que muy cerca del centro y a unos 500 metros de mi casa.

Un paseo con un carril para peatones y otro para bicicletas, patines y monopatines bordea el parque y los días de sol se llena tanto de gente de aquí como de turistas.

Prefiero no decirlo mucho entre los locales, porque ya tienen la autoestima muy alta, pero los días de sol esta ciudad es increíble. Sales a hacer deporte y vuelves entusiasmado con las maravillosas vistas.

Ahí van unas fotos que es lo más interesante:

























miércoles, 19 de junio de 2013

Cambios, novedades, muchas cosas que contar y poco tiempo

Por fin tengo el permiso de trabajo. Tal y como había leído en la web de Inmigración me tardó solo un mes (ver 'Solicitar el visado canadiense on line'). Me enviaron primero un correo electrónico para informarme de que había sido aprobado y unos días después lo recibí por correo postal.

No tengo que ir a la frontera a activarlo como sucede con la working holiday visa o el permiso de estudios. No es ninguna carta de aceptación. Es el permiso tal cual. Es lo más lógico, ya que estoy dentro del país con visado de estudios. La buena noticia es que me permite trabajar hasta julio del año que viene. Tres meses más de lo que esperaba. Es lo que tiene salir bien las fotos. :P

Viviendo en West End ya no tendré escusa para no ir a correr
En cualquier caso, por el momento voy a seguir centrándome en lo que ya ando: clases de inglés de 9.00 a 15.40 horas, clases privadas de español ya casi todas las tardes, terminar un curso de marketing on line que estoy haciendo por internet y seguir con el blog.

Ya tengo habitación para vivir en downtown. En julio me mudaré de forma provisional a West End, a 50 metros del lago de Stanley Park, un parque inmenso en el centro de la ciudad al estilo del Central Park de Nueva York pero rodeado de mar. 

Mis futuros vecinos ya se acercan a presentarse
Compartiré un apartamento de una habitación con un chico filipino. Yo tendré la habitación y él la sala, que comunica con una cocina minúscula, ya que aquí son americanas, lógicamente, claro. :P Así que un biombo le dará un poco de intimidad al chaval. Parece buen tipo. Es  muy joven y se pasa todo el día currando como cocinero en un restaurante. En un principio me pedía 700 dólares pero le debí gustar porque cuando me enseñó el piso me lo rebajó a 650 (unos 500 euros). Es el precio habitual que piden por habitación en esta zona, que es la más económica de downtown, ya que está más apartada y los edificios son más viejos. Incluye todos los gastos, incluido internet, claro. Prometo hablar más adelante en otro post sobre mi experiencia buscando habitación.

Este alojamiento es provisional. En agosto me iré a vivir con una pareja a un apartamento de dos dormitorios. Aquí sí que ya podré disfrutar de sala y comedor. Me cuesta solo 525 dólares (unos 400 euros) en pleno West End, también cerca del parque y de la playa, por lo que me merece la pena esperar por él. La pareja es amiga de la familia con la que estoy ahora. Los conocí en una cena, así que me ofrecen confianza.

English Bay, la playa del West End,
Además, uno de ellos es fisioterapeuta, lo que viene bien tener a mano. Ya le pondré cara de pena cuando me duela la espalda, porque aquí una sesión ronda los 70-90 dólares. El apartamento está muy limpio, ordenado y bien decorado. Vamos, como podría ser un piso en España. Aunque la habitación no es muy grande.

Con mi aterrizaje en West End ya no tendré disculpa para no ir a correr y  tendré que hacerme con una bicicleta y dejar de pagar el bono mensual de transporte.

Un puesto en la celebración del 'Día sin coches', en West End
Precisamente, el domingo pasado celebraron en varias zonas el día sin coches. También en West End. Una calle se cerró al tráfico y se llenó de stands, aunque nada que ver con lo que podría ser en Galicia una celebración en la calle, y me imagino en el resto de España. No food. No drinks. Tan solo algún restaurante sacó mesas a la calle de los muchos que hay en la zona.

Cartel de la Pet Parade
Los puestos eran fundamentalmente de asociaciones y se centraban en informar y concienciar a la gente sobre diferentes temas sociales  y medioambientales, desde asociaciones que buscan despenalizar el consumo de cánnabis, hasta otra que promueve una carrera en ropa interior para recaudar fondos para la lucha contra el cáncer (informando en paños menores, claro), pasando por información sobre un desfile de mascotas, temas de concienciación medioambiental,  información sobre enfermedades de transmisión sexual o sobre la discriminación en el mundo por razones de sexo o de orientación sexual. 

Cartel de los pro cannabis
También los partidos políticos tuvieron cabida, con stands en los que los representantes del barrio en el municipio hacían campaña y respondían a las preguntas de los ciudadanos. Le idea de asociaciones y partidos es salir a la calle para estar en contacto con los vecinos y explicar sus propuestas.

Un representante político del barrio habla con los vecinos
También hubo algunas actividades más lúdicas como un ajedrez gigante, algunas actividades para niños y un grupo de música tocando en plena carretera. Tampoco nada que ver con nuestras orquestas, siempre enfundadas en sus trajes de gala y encima de un escenario…  Todo mucho más simple. Eso sí, la música sonaba bastante bien.

Orquesta al estilo canadiense, que casi parece improvisada
Y más novedades. A finales de mes cruzo la frontera y me voy tres días a Seattle. Me escapo con un amigo en bus (www.boltbus.com). Son unas tres horas de trayecto y el billete de ida y vuelta nos ha costado 30 dólares, tan solo unos 23 euros a cada uno. Como mi amigo es un fan del couchsourfing intentaremos que algún americano nos acoja en su casa, así por la cara bonita... A ver qué pasa...

Por 23€ tienes un viaje de ida y vuelta a Seattle en autobús

jueves, 13 de junio de 2013

Cosas por las que merece la pena venir a Vancouver

Antes de llegar a Vancouver hablé con varias personas que ya estaban aquí. Una de ellas, al preguntarle si estaba contenta, me contestó: “de lo que me arrepiento es de no haberme venido antes”. Aquí os dejo varias cosas por las que yo creo que merece la pena venir a Vancouver. Pero cada persona es mundo y cada situación es distinta, así que tomadlo simplemente como una opinión subjetiva, que es lo que es.

Un escaparate en el centro de Vancouver donde queda bien claro, ¿no?

1. Dejarás de escuchar hablar de la crisis: Aquí no tienen ni idea de lo que está sucediendo en Europa. Bueno, sí, de algo les suena. Algo han leído en los periódicos. Un día en clase un profesor me preguntó algo sobre España y yo hice una aclaración, “bueno, ahora con la crisis…” y él exclamó “¡Qué crisis!”. Después reculó y dijo “¡ah! ¡la financiera!”. Para que os hagáis una idea.

2. La seguridad: Irte a un país que no conoces y en el que estás solo te hace extremar las precauciones. ¿Y si me roban el pasaporte? ¿y se mi quitan las tarjetas? ¿y si desaparecen todas mis pertenencias? De hecho, eso era lo que más me preocupaba al principio. En la casa en la que vivo no hay pestillos, ni en las habitaciones, ni en los baños, ni en nada. La puerta de atrás permanece abierta siempre que hay gente en casa, y seguramente que muchas veces que no hay nadie también, porque ni nos enteramos. Para entrar en el jardín no hay ninguna medida de seguridad. La puerta se abre tirando de un simple cordón. “¿Y esto es seguro?”, le pregunté a uno de los propietarios de la casa nada más llegar, sabiendo que en mi habitación estaba todo lo que yo tengo en Canadá. “¿A qué te refieres?”, me contestó.

Robson Square es un ejemplo de naturaleza en el corazón de la ciudad

3. La confianza: Cuando estoy en sitios que no conozco soy de por sí desconfiado, por lo menos muy prudente. Y es que un extranjero siempre suele ser carne de cañón en cualquier país, especialmente cuando no domina el idioma. Pero rápidamente me pude relajar al ver que aquí, a diferencia de otros sitios, la gente no te intenta timar continuamente. Todo lo contrario. Me han devuelto monedas que he dado de más. Los vendedores siempre me han intentado ayudar y me han aconsejado la mejor opción calidad/precio. Pongo por ejemplo, el móvil. Iba a tiro fijo a por otros que me habían recomendado, pero la dependienta me decía que para gastar ese dinero que me llevase otro, que era mejor y más barato. Fue hacer una llamada al experto y, sin duda, la mejor opción.

Niños jugando en una fuente en pleno downtown

4. La amabilidad: Si quieres hacer amigos, sácate un plano del bolsillo y ponte a mirar para un lado y para otro. A ver cuánto tiempo pasa sin que nadie te pregunte si te puede ayudar en algo.

5. La tolerancia y el nivel cultural: Aquí a la gente le gusta viajar al extranjero y, a pesar de hablar inglés, tienen cierto interés por los idiomas. No son pocas las personas que me dicen que tienen ganas de aprender español y, de hecho, sin buscar mucho ya tengo tres estudiantes fijos.

Autobuses eléctricos en un país que tiene reservas de petróleo

Vancouver es una ciudad hecha por inmigrantes. Y es que cualquiera con nacionalidad canadiense en segunda o tercera generación tiene antepasados europeos o asiáticos. La cultura asiática está muy presente, fundamentalmente en la comida. Pero yo no he detectado grandes problemas de integración como puede haber en Europa o en Estados Unidos. Todo lo contrario, se ven muchísimas parejas mixtas blanco-asiáticas.

Por otro lado, la bandera de colorines ondea por todas partes en Vancouver. La comunidad gay cuenta con un barrio propio, que se anuncia ya con la bandera multicolor y en ella comercios de cualquier tipo la incluyen en sus escaparates. Pero esta bandera, también símbolo de la paz, la encuentras por todas partes. Cualquier comercio la utiliza de reclamo para atraer clientes. En mi propio pueblo, a unos 30 kilómetros de la ciudad, en New Westminster, encuentras restaurantes, peluquerías o gimnasios con bandera de colorinchos.


¿China o Canadá? Una tienda en Chinatown 

6. El inglés americano: En Vancouver se habla un inglés muy comprensible para nosotros. Mi nivel de inglés no es tal como para distinguir acentos, pero o mucho he mejorado yo o este es muy nítido. No tiene ni los acentos marcados de las ciudades de Reino Unidos ni el excesivo slang de Estados Unidos. Y no hablar del acento australiano, que yo no conozco, pero que todo el mundo dice que es incomprensible.

A todo esto se suma que los canadienses tienen paciencia, que te habla despacio, y que no les importa perder unos minutos de su tiempo para poder entenderte.

¿Playa o campo? En Beach Bay puedes elegir lo que prefieras

7. La combinación de ciudad y naturaleza: Vancouver no es una ciudad excesivamente grande, pero sí que es una gran ciudad. No obstante, el ruido no es excesivo ni si respira estrés. Existen zonas en los que parece que la naturaleza invade el asfalto. Stanley Park es un gran bosque dentro de la ciudad. Hay varias playas urbanas y el mar rodea todo downtown. Además, a pocos minutos en transporte urbano tienes senderos para hacer excursiones y ejercicio al aire libre. Fácilmente puedes encontrarte con mapaches, mofetas o focas. O sentir de cerca los osos.

8. La cultura del reciclaje: Aquí todo se recicla. Y no me refiero al vidrio o al papel, sino literalmente a todo. He visto una televisión enorme en un jardín con un cartel que ponía “Es gratis y funciona”. La gente coloca en las aceras o jardines los muebles, adornos, plantas, o cualquier cosa de la que se quiere deshacer y otros los cogerán. También está la venta de productos de segunda mano a través de la web de Craiglist. Mi habitación creo que es un ejemplo de ese afán por el reciclaje.

Una furgo reciclada como puesto de hamburguesas

9. La convivencia de la modernidad con lo tradicional: No penséis que los vancuveritas se vuelven locos por la modernidad. ¡Qué va! Muchas veces no se complican y van a lo sencillo. Por ejemplo, si quieres decirle al conductor de un autobús que pare tienes que tirar de un cordón que recorre todo el autobús. Otro ejemplo es la postal que me enviaron escrita a mano para confirmar que efectivamente esa era mi dirección.

El cordón amarillo de las ventanas sirve para solicitar parada

10. Y algo que en España parece una utopía: Hay trabajo. La mayoría de los estudiantes que he conocido con permiso de trabajo  trabajan en la hostelería. El paro ronda el 6% y el salario mínimo aquí es de 10,25$ (7,90€) la hora, propinas aparte, que aquí son sustanciosas. En establecimientos que venden alcohol el salario mínimo son 9$, aunque las propinas suelen ser mayores.

Pero antes de que te lances y compres un vuelo, deberías leer COSAS POR LAS QUE DEBERÍAS REPLANTEARTE LO DE VENIR A VANCOUVER. [Actualizado 2/7/2013]

martes, 7 de mayo de 2013

Las primeras impresiones

Tercer día en Vancouver y me voy haciendo a la ciudad poco a poco. Hoy tuve mis primeras clases, ya que ayer fueron las pruebas de nivel: una de gramática y otra de comunicación oral. En comunicación oral me pusieron en el nivel 9 y en gramática en el 14. Hay 15 niveles, así que creo que no está nada mal. Estos meses estudiando inglés han dado sus frutos. La escuela es bastante grande. De hecho, te dan un mapa para que puedas localizar las aulas. Tiene wifi y cuenta con una zona de ordenadores que puedes usar sin problema. También tiene una zona comedor con muchos microondas y un vertedero. La gente suele comer allí.

Yo estos días he preferido salir y airearme un poco. La verdad es que por ahora me siento un poco fuera de lugar entre tanto adolescente. Además, está haciendo mucho calor y apetece sentarse en el parque.

La mayoría de los rascacielos tienen un color azul agua

Vancouver es muy tranquilo. Aquí el espacio sobra, así que las calles son inmensas, pero apenas hay tráfico. No se nota ni de broma el ajetreo que puede haber en una ciudad europea. No hay estrés. Da sensación de ciudad de vacaciones, pero aquí parece que es sencillamente estilo de vida.

Para ir a clases tardo unos 45 minutos. Diez minutos desde mi casa a la estación de skytrain, 25 de viaje en el skytrain y otros 10 caminando hasta la escuela. En vez de metro, hay skytrain. Yo pensaba que sería una especie de tren de cercanías y que podrías ir cómodamente sentado, pero es como un metro que va por la superficie. Así que en horas punta nada de ir sentado cómodamente leyendo. Ya tengo el bono mensual de dos zonas. Puedo coger cualquier transporte sin pagar nada dentro de esas dos zonas: autobús, skytrain o seabus, que son los barcos que te llevan a North Vancouver. Aún no los utilicé, pero me imagino que serán parecidos a los que cruzan la ría de Vigo para ir a Cangas.

En el centro de la ciudad hay este huerto urbano

Sigo sin teléfono canadiense ni cuenta bancaria. Para el teléfono, en la agencia me han aconsejado Wind, con una tarifa de 30 dólares incluye llamadas ilimitadas para toda la provincia, mensajes de texto e internet ilimitado. Pero también me han advertido de que la cobertura no es muy buena fuera de la ciudad. En mi homestay me dicen que va muy mal, que mejor coja Fido. Sale algo más cara. Por 39 dólares tendría mensajes, 400MB de internet, llamadas por la noche y fines de semana y 450 minutos fuera de este horario. En ninguno de los casos exigen permanencia ni cuenta bancaria. Te descuentan la cuota mensual directamente en la tarjeta de crédito.

En cuanto al banco, en Uvanu me han hablado de una cuenta para estudiantes en Scotiabank que no te cobra comisiones, pero todavía no he ido a preguntar.

Una de las principales avenidas del centro

En la homestay sigo contento. La única pega que le veo es que queda un poco lejos, pero la comida está muy bien y se preocupan de facilitarte las cosas y ayudarte, lo que se agradece mucho cuando acabas de llegar a un país nuevo en el que no conoces a nadie. El domingo nos fuimos todos a la playa. Me llamó la atención el color del mar. Nada de azul verdoso. Sino un negro muy poco apetecible. En cualquier caso, casi nadie la tocaba. El agua estaba fría, pero tampoco mucho más que lo que puede estar en las Islas Cíes (Vigo). La arena también oscura, aunque sin llegar a ser tan negra como en algunas playas de Lanzarote. También sorprende ver la cantidad de troncos enormes que hay en la arena.

La Wreck Beach, con las montañas nevadas al fondo
Los troncos ya forman parte de la decoración de la playa

Hoy después de las clases he dado un paseo hasta Stanley Park y a la English Bay Beach. Me ha encantado. Dan ganas de irse a vivir a esa zona para salir a correr y a andar en bici al lado del mar. Os dejo unas imágenes, porque merecen mucho la pena.

La gente aprovecha el sol para descansar en el césped
La English Bay es una de las playas más concurridas
Un paseo bordea el Stanley Park al lado del mar
Mamá ganso también aprovecha para pasear a sus niños