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domingo, 11 de agosto de 2013

Cómo intentar integrarse en Vancouver y frustrarse en el intento

He vivido el último mes y medio en Yelatown, en el corazón de Vancouver, en un onceavo piso de un edificio moderno, con gimnasio y sauna privadas. Tenía a mano toda la ciudad, incluyendo parques y playas. Y sin embargo no lo he disfrutado como debiera. He tenido unos días un poco de bajón. Supongo que se han juntado muchas cosas: tres meses ya aquí y echas de menos a tu gente, tu inglés no te permite desenvolverte como quisieras... pero especialmente he sufrido de golpe el choque cultural.

Y ahora no me refiero a cuestiones de alimentación o de limpieza, sino a la forma de comportarse las personas, de relacionarse y de entender las reacciones de los demás. Ya lo he dicho en muchas ocasiones. Aquí las cosas funcionan de otra manera. Nunca me he sentido tan europeo como ahora. En Europa hablamos diferentes idiomas, pero tenemos una forma de ser y de ver las cosas que nos unen más de lo que creemos.

Una vez en downtown mi objetivo era intentar integrarme. Vengo para aprender inglés, vivir una experiencia nueva y trabajar aquí. Estoy solo. Conozco gente de la escuela y a otros españoles que han venido al igual que yo. Pero quería salir de esa burbuja confortable e intentar hacerme un hueco en la ciudad.

Vista de Yaletown, con el Science World y el estadio de los Canuts

Pero conocer gente aquí resulta desesperante. Ya me lo advirtieron en algún comentario tiempo atrás. Hablar con alguien en la calle es fácil. Son muy amables. Pero conseguir entrar en su círculo se convierte en una tarea ardua y complicada. Ya de por sí la cultura anglosajona es mucho más fría que la latina, pero en Vancouver se debe de acentuar todavía más. La ciudad tiene fama de ser difícil para los newcomers (los recién llegados), sean extranjeros o no, en contraposición a la otra costa canadiense, donde ciudades como Toronto o Montreal se consideran más friendly.

Por un lado los vancouveritas son mucho más solitarios que los españoles. Gustan de tener su espacio y tiempo para ellos mismos. Es frecuente ver a la gente sola en parques y playas. Pero lo que más me llama la atención es cómo los grupos de amigos son infranqueables, cómo cada uno de sus miembros protege la estabilidad del grupo, no permitiendo entrar en él a cualquier conocido. Por eso no pienses que conocer a un local le va a abrir las puertas a tu vida social. Como un imbécil me he quedado en varias ocasiones, cuando al proponer ir a la playa o salir por la noche, me contestaron que iban a ir con sus amigos, sin abrir la posibilidad de poder unirme a ellos.

Encrucijada en una intersección en el centro de Vancouver

Pero recibir una contestación así es en algunos casos lo mejor que te puedes esperar. Me ha resultado bastante frustrante en algunas ocasiones enviar mensajes a personas con las que había llegado a pasar toda una tarde hablando de lo divino y de lo humano y no recibir respuesta. 

Y no. No soy un bicho raro. Hablando con otros españoles aquí, o incluso latinos o europeos, la sensación es la misma. Ellos mismos lo admiten, especialmente los que son viajados y conocen Europa o Latinoamérica. Incluso una profesora en clase lo explicó. “Que un vancouverita te diga que te va a llamar para hacer cualquier cosa no quiere decir nada. No te hagas ilusiones ni te lo tomes a mal, porque lo más seguro es que no lo haga”.

Los vancouveritas no son directos. Y si eres de los que no saben si un gallego sube o baja en una escalera, aquí las pasarás canutas. Te lo digo yo que de Galicia vengo. Es difícil saber qué es lo que quieren exactamente. Y necesitarás tiempo para lograr interpretar sus códigos. Como ejemplo, las disculpas que he recibido de mis estudiantes para dejar las clases. Uno de ellos me ha dicho que no podía volver porque había roto con su pareja, que su objetivo de aprender español era para viajar juntos y que, una vez rota la relación, venir a las clases le suponía un auténtico sufrimiento. Todo ello explicado en un detallado y extenso email.

Efectivamente, la gente también es la ciudad

Y otra cosa que me desespera es la necesidad de establecer citas a largo plazo. “Te viene bien quedar el viernes a las 4, dentro de 15 días?”. “Espera que hablo con mi secretaria… Y yo que sé, si todavía no sé que voy a hacer mañana”. En Vancouver apenas hay espacio para la espontaneidad. Necesitan su tiempo. Les gusta tener todo controlado. Y hacer amigos lentamente. Esa es una de las respuestas que tuve, cuando me dio por preguntar si había hecho algo que hubiera molestado, tras notar cierta frialdad después de haber pasado una tarde de cafés y charla. “Todo está ok. No hay ningún problema, pero prefiero hacer amigos lentamente”.

Ahora bien, a ver cómo sabes cuándo es eso realmente lo que piensan, o simplemente son excusas para salir del paso. A veces creo que es lo primero y otras lo segundo. Lo difícil es saber cuándo es una cosa y cuándo es la otra.

Por supuesto, esto son generalidades. Forman parte de la cultura vancouverita, pero también hay excepciones y la experiencia de cada uno es distinta, como en todo. Supongo que poco a poco uno se va acostumbrando y le resulta más fácil descifrar lo que quieren decir con su comportamiento.

Si eres nuevo en la ciudad y quieres conocer gente de aquí, échale un vistazo a Meetup, una web muy activa donde podrás conocer gente con tus mismos gustos y aficiones.

Por cierto, ya me he mudado por tercera vez en solo cuatro meses. Bye bye, Yaletown! Hello, West End!

domingo, 7 de julio de 2013

Por fin vancouverita (viviendo en Yaletown)

Ya llevo una semana viviendo en Vancouver. Y nada más y nada menos que en Yaletown, en pleno centro. Un barrio pijo y moderno, a un paso de las calles comerciales y a unos 500 metros del paseo marítimo. Además el piso me queda a un paso de la escuela y a otro de la biblioteca pública.

Al final ha habido un cambio de planes. Una semana antes de que terminara junio, ese chico filipino tan majo del que os había hablado me envió un SMS llamándome de todo menos bonito. Supongo que hubo un problema de entendimiento de los mensajes por la traducción, pero, bueno, tuve claro que no quería vivir con una persona que reacciona de esa manera. Así que a otra cosa mariposa, y me puse a buscar de nuevo como un loco. Y recordé que ya cuando había decidido que viviría con él me había escrito un chico diciéndome que tenía una habitación disponible y que me la dejaba al mismo precio.

Vista de Yaletown desde el puente de Burrard

 Yo no fui ni a mirarla, porque la zona me parecía demasiado buena para ese precio. En  Yaletown las habitaciones no suelen bajar de los 800 dólares. Cuando lo vi no daba crédito. Habitación pequeña, pero completa, y con acceso a una terraza pequeña. Cristales de arriba abajo en dos de las paredes. La sala del apartamento enorme, y con un sofá con chaiselong. Detrás de él una mesa comedor, y la cocina más grande que había visto por el momento. Hasta baño para mí solo, ya que la otra habitación tiene baño dentro.

La habitación es pequeña, pero tengo sala y comedor, todo un lujo aquí

Y lavadora y sacadora incluidas. Aquí normalmente suelen compartirse con todo el edificio y tienes que pagar cada vez que las usas. Pero en este caso no. Incluso el edificio tiene una zona de gimnasio, sauna e incluso un jardín en una terraza que puedo utilizar gratis. Es bastante habitual en los edificios nuevos de Vancouver. Y otra curiosidad, es que para abrir el portal y moverte por el edificio en vez de llaves, se utiliza una especie de ficha que acercas a un lector y te va abriendo las puertas.

Con una visa de un año te puedes hacer socio de la biblioteca 

 Así he cambiado a un filipino que creo que trabajaba ilegalmente por un taiwanés-canadiense que trabaja en un banco. Creo que he tenido mucha suerte. El chollo viene porque sus padres acaban de irse a vivir a Toronto, y casualmente di con él antes de que pusiese ningún anuncio. Supongo que le gustó mi perfil y prefiere vivir con alguien con el que se siente a gusto antes que ganar más dinero. Y aquí, por lo que me han comentado, los españoles resultamos exóticos y despertamos interés.

Buscar habitación en Vancouver no es fácil y a veces resulta desesperante. Craiglist es la página web donde se cuece todo, tanto para buscar trabajo, como muebles usados o alojamiento. Hay muchos anuncios, pero todavía más gente buscando, así que las personas que buscan room mate se permiten incluso el lujo de ser desagradables. A muchos emails ya no te responden porque no les gustas o ya está ocupado el piso. Muchas veces ni siquiera te facilitan foto y la información que te dan es escasa. Te dirán que vayas a verlo, pero no serán muy flexibles en cuanto al día y la hora. Y una vez que llegas allí, a lo mejor no es una habitación sino un trozo de sala separado por cortinas o un biombo. Tener sala en downtown es un lujo. Normalmente las alquilan, así que si encuentras algo decente con una sala, no te lo pienses y cógelo.

Zonas verdes y para hacer deporte a un paso del centro de la ciudad

 En fin, que hay que tener paciencia y tiempo, por eso creo que es una buena idea quedarse el primer mes en homestay. En un sitio no les debí de gustar mucho, ya que tras enseñarme la habitación muy rápido me dieron un falso “thank you” y me señalaron a la puerta. Así es la vida del emigrante… Yo creo que la mejor opción es encontrar a alguien a través de un amigo, o en cualquier foro o web de algo que sea de tu interés. Es decir, relaciónate con gente local. Si te gusta la naturaleza, vete a las reuniones de Greenpeace. Participa en tareas de voluntariado que encuentres. En Meetup hay grupos de personas con afinidades comunes. Hazte un perfil y participa. ¡Y no dejes de decir que buscas una habitación! Al fin y al cabo lo importante de compartir piso es encontrar alguien afín, ¿no?

¡Necesito una bici ya!

Yo por el momento estoy muy contento. Es una comodidad vivir en pleno centro, y tan cerca de la escuela. Ya paso de tuppers y me vengo a comer a casa. Y he descubierto una zona al lado del mar que apenas conocía y que me ha gustado mucho. Está a unos 500 metros. Es un paseo marítimo con una zona para peatones y otra para bicicletas. Y con varios parques en los que poder tirarse para tomar el sol con vistas al mar. He sacado algunas fotos para que os podáis hacer una idea, pero tendríais que estar aquí para verlo. ¡Esto sí que es calidad de vida! Lo repito, solo me faltáis vosotros… Y la comida, claro… :P

Carril de peatones a la izquierda y de bicis a la derecha
A falta de playa en el barrio, la gente utiliza el césped para tomar el sol
Downtown es una península rodeada de un paseo como este
Cualquier lugar es bueno para hacer el pino y presumir de ello