Termina el verano en Vancouver antes de tiempo y nos
preparamos para vivir ese invierno gris, sin tregua para la lluvia, del que todo
el mundo habla.Verano con buen tiempo
pero sin fiestas patronales. A diferencia de cualquier pueblo de Galicia, y seguramente de toda España, aquí no hay.
A falta de tradiciones laicas y religiosas en una ciudad de
poco más de 150 años,
los vancouveritas se han apoderado de la fiesta del
orgullo gay, como estandarte de la tolerancia, para convertirlo en algo parecido
a lo que son nuestras fiestas de toda la vida. Haciendo uso de su
practicidad lo han trasladado a la primera semana de agosto para facilitar la llegada
de turistas de toda Norteamérica, ya que en casi todos los sitios se celebra a finales de junio o principios de julio, en conmemoración de la revuelta de Stonewall.
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Pasos de peatones de colores pintados para la ocasión |
Hasta los fuegos artificiales que anuncian
el estado de jolgorio en cualquier fiesta patronal, en Vancouver se celebran
durante la semana del orgullo. Se trata de todo un acontecimiento. Cortan
las calles para facilitar el acceso, y posterior evacuación, a la playa de English Bay, donde la gente reserva su trocito de arena desde horas antes para
poder disfrutar de la actuación pirotécnica tras la puesta de sol. Los fuegos
salen en las noticias antes y después del evento, para que veáis la importancia
del acontecimiento, que se repite durante tres días y que incluye música al
espectáculo visual a través de una emisora de radio que hay que sintonizar con el móvil si
quieres disfrutarlo al completo.
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Gente apiñada en English Beach para ver los fuegos |
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Y así fue la evacuación tras las fuegos |
Durante esta semana la ciudad se engalana más que nunca con
los colores del arco iris y en ello participan desde particulares y
asociaciones, hasta cualquier empresa y comercio por grande o pequeño que sea.
Si Vancouver fuese Vigo, por ejemplo, El Corte Inglés luciría en su fachada una enorme
bandera multicolor bajo el lema “¡Estamos orgullos@s!”, el cruce de Colón de
los cuatro bancos se convertiría en una competición de a ver quien luce el
escaparate multicolor más vistoso y original y la mercería de Carmiña
estrujaría su creatividad para adornar el escaparate con calcetines cuidadosamente
seleccionados con los colores de las fiestas…
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Hasta los bancos se vistieron para celebrar las fiestas |
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Y los restaurantes |
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Y las tiendas de ropa... |
Vancouver, ya de por sí una ciudad orgullosa, se empacha de banderas de
colores: en los supermercados, en los bancos, en las tiendas de moda y no tan de
moda, en las peluquerías, en los restaurantes y hasta en clubes de señoritas,
que difícilmente cuentan con un público gay o lésbico… Pero
todos se unen a la corriente y
celebran estas fiestas que la ciudad parece haber adoptado como suyas.
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A algunos la clásica banderita les sabía a poco... |
Se trata sobre todo de un sentimiento colectivo de ganas de
fiesta y de apoyo a la tolerancia y a la diversidad que de otra cosa, pero las fiestas
no son para tanto.
El viernes cerraron varias calles al tráfico para ofrecer
música en directo y DJs, lo que vendrían a ser nuestras verbenas de toda la
vida. Pero como aquí beber alcohol en la calle está prohibido, cercaron la zona
de la carretera con vallas y para acceder, además de identificarte, tenías que
pagar unos 20$ sin incluir ni una copa de regalo. Sino siempre puedes quedarte en las aceras y disfrutar del espectáculo desde
fuera, como la amiga fea que nadie saca a bailar, como fue mi caso.
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Una valla separa la zona de alcohol de la de no alcohol |
El domingo por la mañana fue el momento del desfile, donde
el momento fiestas patronales se fundió con el de los carnavales y el colorido
y la fantasía se sumaron a la alegría de la fiesta. Al igual que en Seattle,
todo el mundo participaba, desde niños a mayores, desde empresas punteras a
asociaciones de lo más variopinto y desde las más locas a serios policías y militares uniformados. Aquí
tenéis una muestra:
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